lunes, 27 de septiembre de 2010

Llegaste como siempre llegas

Llegaste, como siempre llegas, Madre,

como siempre navegando, entre cielos de mareas,

de mareas de oraciones, de cantos de “Salve Reina”,

de lágrimas tan contenidas, todo un año en tu Carrera.

Llegaste con tu mecida, suave como siempre llegas,

portada por corazones, traspasados de esa “pértiga”

que es tu amor que nos desborda, que al paraíso me eleva,

que me porta al mismo cielo, a los brazos de Quien llevas

en tu regazo dormido, cerca de la Resurrección eterna.

Llegaste tan suave,

y prendida quedó tu Granada entera.

Prendida en tu manto sagrado, prendida de tan señera,

Madre de todos nosotros, Madre de la Carrera,

Madre de las Angustias, que tanto amor siempre llevas,

desde tu Templo a las almas, de todos los que te rezan,

Y bendices por las calles a esa marea que se entrega,

mirando siempre a tu Hijo, “miralo a Él, tú que esperas”

tu eres la Madre de Dios, Madre de Cristo en su pena.

Madre en doloroso amor, Madre que sufre y que anhela.

Madre que te mira a ti, y a mí al corazón sin puertas,

que nos mira y nos redime, y llenos de paz siempre dejas,

al que se acerca a tu lado, Madre de Dios en su Pena.


Eres Madre de Granada,

Amor de Madre entregada, corazón de amor que brota

Sagrario de Cristo en tu alma, llaga que no se derrota

fe que en tu interior clama ,

en un rezo al corazón, en una lágrima ensoñada,

en una espina dormida, en unos clavos de plata,

en un rezo de esperanza, en una amargura dada,

en una mirada de fe, en un clamor que me empapa,

de tristeza y de pobreza, de confianza y de calma,

porque eres Madre de Cristo, Madre que en todo está dada,

tu vida, tu amor, y tu Hijo,

manos de amor entregadas.

Angustias,

alma de amor, siempre entrega,

Reina que en rezos navega.


Evangelio hecho imagen, que nos llama a ser hermanos,
nos llama a la oración sincera,
a Cristo Sacramentado,
a ser cristianos de veras,
cristianos nunca enfrentados,
llenos de amor por el otro
y de sinceros abrazos.

Y si viendote tan cerca, no entendemos lo que amamos,
malos hijos somos, Madre,
mal hermanos, mal cristianos.


Y Granada se derrama, por las calles por su Reina,

que viene, como siempre llega,

surcando entre “diostesalves” de tanto corazón que espera,

de tanta lágrima entregada,

de tanto amor y alma sincera.


1 comentario:

monaguillo dijo...

Te veo entregando la cuchara... si señor.

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