sábado, 7 de septiembre de 2013

Hasta siempre, Monaguillo

Ha pasado ya una quincena y todavía no había podido sentarme a comentar tranquilamente la noticia.
Quería hacerlo serenamente, porque nuestro amigo lo merece y lejos de la redes sociales. Y quería hacerlo precisamente aquí, porque su blog me ha inspirado mucho en muchas ocasiones y me animó a iniciar este pobre blog mío desde el comienzo.

El 22 de Agosto, tras un "No es un adiós, es un hasta siempre", cerraba sus puertas el "Convento del Monaguillo". Y cerradas las puertas, como anunciaba en su última entrada, el Monaguillo se internaba en el corazón de su convento y convertía en clausura sus emociones, sus oraciones, disertaciones y pensamientos.
Que el "Convento del Monaguillo" se haya quedado en silencio es una gran perdida para nuestra blogosfera cofrade. Pocos blogs han tratado nuestra Semana Santa, la Semana Santa en general, como tú lo has hecho, amigo Álvaro. Porque has tratado nuestra Semana Mayor desde la fe y el amor. Desde la profundidad y hacia el Corazón de Cristo. Con autenticidad y madurez cristiana.
Pocos entradas de pocos blogs cofrades han estado tan llenos de fe a Dios y su Madre, de amor a la Iglesia, de profundidad doctrinal y emocional como el tuyo. Pocas bitácoras han hablado al Cristo que hay detrás de la imaginería, como tú lo has hecho. Pocos han hablado del Evangelio como tu lo has hecho entre guardabrisas, caídas, altares, hachones y candelerías.
En pocos hemos encontrado el auténtico corazón de nuestra Madre como en el tuyo.
Ha sido un auténtico lujo poder leer auténticos pregones casi semanalmente.

Por eso echaré, echaremos, tanto de menos el Convento. Por tu autenticidad y tu profundidad. Por tu cercanía y tu entereza. Por tu fe y por tu amor al Altísimo y a su Bendita Madre incluso en esos momentos duros, de oscuridad, en los que no sabes muy bien porque ocurre todo. 
Por tu búsqueda de la Esperanza diariamente en la Fe, compartiendolo con todos nosotros.

Sabes que determinadas entradas de tu blog me han servido para hacer un buen rato de mi oración diaria, alguna vez creo que te lo he dicho. Por eso, al menos por todas esas entradas que eran "saetas" de oración al mismo corazón de Dios y de su Madre, especialmente por esas, es por lo que echaré  mucho de menos al Convento.

Algunos a lo mejor no han entendido tu ironía, o tu forma de opinar en determinadas ocasiones, pero los que te conocemos sabemos que siempre ha surgido todo desde el corazón y el cariño y que nunca has dicho nada con la intención de dañar. Así que tus disculpas son innecesarias, porque los que te apreciamos siempre te hemos entendido, y los que no te aprecian.....pues ni medio pensamiento más.
Pero llegado el momento de la necesaria clausura, de que el monaguillo se convierta en monje y en dueño de sus propios pensamientos y sentimientos, en este momento también tienes mi apoyo en tu decisión. Si así lo has visto, es que es lo mejor. Y si es lo mejor para tí, así es.  Ojalá esas heridas y cicatrices de las que hablas sanen pronto. Cierra esas estancias viciadas, respira aire fresco y cuidate mucho.

Precisamente, en aquel 9 de marzo de 2009, iniciabas esta andadura bajo el título de "La luz de alegría", y en la entrada "El Dios, el Señor" pedías a Dios el sol. Yo también le pido su Sol, su Luz y su Calor para tí y para todos nosotros. Una luz que entrará por la pequeña ventana de nuestra celda aún cuando nuestra propia sombra, proyectada sobre la mesa,  nos haga entender lo contrario. Es esa "luz de la alegría", ese "calor del corazón".

Ahora te imagino, amigo Monaguillo, caminando a tu interior, con la hermosa puerta cerrada de tu abadía y dirigiendote hacia tí mismo, pero sin los demás, como tantas y tantas veces.
Te imagino, amigo Monaguillo, en tu scriptorium, desgranandote el alma y el corazón en un pergamino interno que ya sólo tú conoces.
Echaré de menos entrar al claustro y pasear por sus corredores. Echaré de menos acceder a la Sala Capitular y escuchar tus opiniones en capitulo general. Echaré de menos acceder al oratorio a rezar laudes contigo y con tantos otros.
Para mí y para otros muchos, más que el monaguillo, has sido el abad del convento de bitácoras cofrades de nuestra tierra.

Que a tí tampoco te falten nunca la Esperanza, ni la Fe necesarias en el camino. Y que en Cristo, hecho Eucaristía, Misericordia y Salud, encuentres siempre la fuerza y el consuelo.

Ahora, como bien dices, siempre nos queda la buena opción de quedar contigo para tomarnos una cervecita y charlar tranquilamente. Una buena y fantástica opción. Ya estamos tardando.
¡Que de todo quiere el Señor en su viña!

Un fuerte abrazo, hermano Álvaro.


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