domingo, 8 de abril de 2012

Surrexit

Has vencido, Señor. La Vida ha vencido a la muerte. La Luz ha emergido entre las tinieblas. La Verdad ha derrotado al engaño.
Has vencido, Señor, y una vez más me has dejado sin aliento, viendo mis debilidades, observando mis defectos, dudando por mis limitaciones.
A veces me veo tan incapaz de seguir, Señor. Me veo tan fragil, tan poca cosa en el camino de santidad que me señalas.
Me miras al fondo de mi interior y miras la cruz vacía que se recorta en el fondo de la vida. Has vencido a la muerte. has vencido al pecado. Pero la cruz ha sido el camino. La redención, la salvación ha llegado a través de la cruz.
¿Acaso puede nadie salvarse sin dificultad? ¿Acaso puede nadie vivir su fe sin una meta? ¿Acaso puedo creer que todo es un alegre camino? ¿Acaso podemos entender que nada cuesta sacrificio, que todo se nos regala? 
La cruz, Señor, ha sido tu camino. Has elegido ser hombre para traernos la salvación. 
¿Me entiendes, Señor? ¿entiendes cuando te digo que a veces quiero arrojarlo todo, quiero rendirme, quiero dar un paso atrás? ¿No ves mi naturaleza humana que a veces quiere salirse del camino porque no ve nada claro? Como el rey David en el salmo 13 dígo: 
"Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo pondré en mi alma consejos
con tristezas en mi corazón cada día?"

Pero sí hay algo que veo claro, mi Dios. Veo claro como tu resurrección, nuestra salvación, ha llegado por el tortuoso camino del Gólgota. Como ha llegado con tu corona de espinas, con tu espalda martirizada, con tus pies y manos llagados, con tus caídas y tu vuelta al camino. 
Tu resurrección, Señor, nuestra salvación, Señor, ha llegado con la dificultad, con la prueba, con la amargura, con el desprecio. Y a veces, como el huerto de Getsemaní, he visto mis propias dudas preguntandome si estaba haciendo lo correcto, si todo aquello era necesario o no, si el camino era necesario.  Pero tu respondes en aquel Huerto de Olivos con la fe del Hijo. "Hágase".
Pero mi respuesta no siempre es la tuya. No siempre respondo como tu, con ese "hagase Tu voluntad", ante la dificultad, ante la tibieza, ante el desamparo. A veces me pongo excusas, Señor. A veces aparto mi cruz a un lado del camino, dejo a Pedro que me defienda en "mis prendimientos", quiero y deseo que el Padre aparte de mí este cáliz, que mande a alguien que me aparte de todo esto.

La resurección, Señor, me has enseñado una vez más, no es facil. 
Pero ya se porque dudo, porque caigo una y otra vez y no hago nada por levantarme. 
Dudo porque no tengo fe en tí. No toda la que debiera.
Si como tu Santa Madre me abandonara exclamando símplemente "hágase", nada en mi camino hacia Tí me parecería tortuoso, cansado, monótono o impracticable.
Me miras de nuevo a los ojos. Estos días de pasión, este Viernes Santo, me miró tu Madre, que caminaba tras de tí llena de esperanza, y me hizo llorar. Ahora me miras Tu.

Has triunfado, con la cruz, sobre la muerte. Sonríes porque sabes que puedo con aquello que me pides. Sonríes y me tiendes tu mano porque sabes que sólo no puedo, pero Tú lo puedes todo. 
Me sonríes y me llenas de esperanza, de ilusión, de seguridad. 
Y las dudas se apagan.
Contigo todo es posible, nada está fuera de mi alcance.
La santidad llega por el camino de la cruz siguiendo paso a paso, cayendo y levantándome. Hay que reir, hay que sufrir. Hay que caminar en llano, cuesta abajo y hacia la cumbre del Calvario. Hay que caminar con amigos, como tu por Galilea, y en la soledad de Jerusalén. Hay que verse con esperanza y en la desesperación de la frustación. Hay que luchar uno sólo y necesitar de un cirineo o de un ángel que nos ayuden y consuelen.

Quiero seguir Señor. Quiero encontrar en mi vida tu resurrección. Quiero saber que hay Vida más allá de las cruces y dificultades del día a día. Quiero seguir mi Señor.
Quiero que se haga tu voluntad, y no la mía. Quiero dejar de llorar por mí y por mis dudas y sonreir continuamente en tu sonrisa. Quiero cargar mi cruz y caminar cuesta arriba teniendote a Ti de Cirinero. Quiero escuchar cada momento, tu voz diciendome "ahí tienes a tu Madre" y sentirme fuerte junto a Ella .
Quiero tener fe en Tí, y saber que aún cuando sólo vea la muerte a mi alrededor, cuando me encuentre sólo en la tiniebla del sepulcro, Tú llegarás y abrirás la losa de mi oscuridad y regarás de luz mi alma.

Ni la desolación, ni la incertidumbre, ni la enfermedad, ni la muerte escapan de tu misericordia, de tu gran amor. Has rasgado el velo del templo, has hecho temblar la tierra, has ocultado los astros, has resucitado a los muertos. Has bajado a los infiernos y has elevado a los justos. Te has inmolado por nuestros pecados y has vencido a la muerte. Nada escapa de tu mano.

No estoy sólo Señor. Te tengo siempre a tí. No quiero abandonar. No quiero dejarte solo en tu camino ascendente. Quiero ser lo que Tú quieres de mí. Comer el pan que partes en Emaús. Sentir tu Santo Espíritu, e ir por todo el mundo proclamando el Evangelio.
No, no seré como Judas Iscariote, negandome a tu misericordia. Quiero ser como Pedro que tras caer una vez tras otra, pudo decirte las mismas veces que te negó: "sí Señor, te amo", y una vez tras otra fue perdonado y conducido a la santidad.

¡No, no me rendiré! No es propio de mi naturaleza, no es propio de mi ser cristiano. No es propio de tanto amor recibido.
Y entonces, continúo como prosigue el salmista:
"Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara.
Más yo en tu misericordia he confiado.
Mi corazón se alegrará en tu salvación.
Cantaré a mi Dios
porque me ha hecho bien".

Me sonríes. Has resucitado Señor. Nada es imposible. Has triunfado, por el camino de la cruz sobre el pecado y la muerte. Nada es imposible para tí. Nada habrá imposible para mí si cojo tu llagada mano.
Siempre, detrás de la cruz, al final del camino que sube al Calvario, tras el dolor de la pasión, siempre está la resurreción si caminamos a tu lado, si seguimos confiando en tí, aunque a veces nos cueste reconocerte a nuestro alrededor.
"Quiereme". Me dices sonriendo y confiando en mis posibilidades. "No dudes de mí y quiereme", me dices dando la mayor de las seguridades.
No hay amor más grande, que el de dar la vida por los amigos. Nada he de temer.
En verdad el Señor ha resucitado. Venid, adoremos al Señor.

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