miércoles, 16 de noviembre de 2011

El mundo y nuestros hijos

Este viernes hay una cita de gran interés en nuestra ciudad. A las 20 horas del próximo día 18 de Noviembre en el Aula de Cultura de Ideal interviene el profesor Leopoldo Abadía, en un acto en el que, además de hablar con su original y ameno estilo de la economía actual, presentará su último libro "36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien".

D. Leopoldo Abadía, es un antiguo profesor de Economía del IESE que ronda ya los ochenta años y que un día escribió un artículo para explicar la crisis subprime de EEUU, que repartió entre amigos y empleados y que se convirtió en un auténtico fenómeno que pasó de email en email hasta que lo convencieron para que hiciera su propio blog. Rapidamente alcanzó las 200.000 visitas. El artículo en cuestión era "La crisis ninja", en el cual con un lenguaje original, ameno y sencillo explicaba cómo surgió la crisis inmobiliaria de Estados Unidos, y por qué esta se propagó por el resto del mundo.

Ahora el prestigioso profesor y autor de "La crisis ninja" y de "La hora de los sensatos" nos presenta su nuevo libro dedicado a la familia, algo de lo que un poco de experiencia parece tener, dado que es padre de 12 hijos y abuelo de 40 nietos.

El otro dia mi buena amiga Belén me envió un artículo de esos que se van reenviando de unos a otros de D. Leopoldo Abadía. Aunque lo conocía, lo agradecí y lo releí con placer.

El profesor Abadía se pregunta y contesta a la eterna cuestión que escuchamos de diversas personas y en diversos lugares. La gran preocupación de padres y abuelos de "¿Qué mundo dejamos a nuestros hijos"? La conclusión de D.Leopoldo Abadía es demoledora. En vez de preocuparnos por el mundo, ¿por qué no nos preocupamos directamente por nuestros hijos? ¿Les estamos dando la suficiente y la correcta educación? ¿Les estamos formando adecuadamente? ¿Qué hacemos y qué dedicación tenemos con nuestros hijos? Quizás lo que deberíamos preguntarnos sería....¿Qué hijos dejamos a este mundo?

Les dejo con el artículo completo:

"Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que “Dios les coja confesados”.

Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.

En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya está crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?”


Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me importa?!” Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.


Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.

Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz…y me exigieron mucho.


Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam

6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.


Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.


A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,…Lo que por ahí se llama “buena gente”.


Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos…En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.


Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.


Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.

1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.

3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles
."

LEOPOLDO ABADÍA

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