miércoles, 5 de mayo de 2010

Emoción en el recuerdo

Ya ha trascurrido un mes desde que se nos fue la Semana Santa de este año.
Una semana llena de emoción y de emociones, de sentimientos, pasiones y oraciones.
Emoción de padre al ayudar a mi hijo a vestirse su pequeño hábito blanco de cruz santiaguera prendida en el hombro en la misma habitación donde año tras año yo mismo me he vestido, primero con mis benditas vestiduras de costalero y ahora mi hábito blanco y azul del Huerto. Colocar emocionadamente su capa, sus guantes y darle a besar la medalla antes de que su vivido cordón hilado de cielo y paz prenda de su pequeño cuello.
Emoción al ceñirle el cíngulo a su cinturita, ponerme el capillo y salir a la calle caminando cogido de su mano.
Emoción de padre y de esposo al cruzar juntos serenamente la Carrera y subir por la Cuesta del Progreso en esa primera y previa estación de penitencia hasta el Convento donde nos espera el cielo prendido de dos sagrados altares.
Emoción al mirar entre las pequeñas ventanas de mi capillo por el que se asoma mi vista y sentir a mi también emocionado hijo y a mi amada mujer viviendo este mismo momento apasionado. En ella siempre descubres esos ojos de madre y esposa que no cesan de amarnos.
Lunes Santo de emoción y pasión.
Emoción al descubrir los emocionados ojos de mi compadre, junto a su hijo esta vez, y hallar en ellos las mismas sensaciones que vivo yo, la de un padre entusiasmado y aferrado a la mano de un hijo palpitando ante este dia tan especial.
Emoción de ver a mi ahijado con su nazareno hábito blanco junto a su madre, mi compadre, mi hijo, y su madrina, en esta pequeña familia que somos, en el santuario de la calle Santiago.
Emoción al ver, este año sí, a mi comadre, compartiendo la emoción de su esposo y su hijo y las experiencias de este Lunes Santo en Granada con todos nosotros.
Lunes cargado de amor junto a los mios, bendecidos por la fragancia del Huerto que huele a manos abiertas de pasión y Madre milagrosa de la Amargura que un año más nos trae aquí.
Emoción al llegar y saludar a mi hermano en la pequeña capilla con un fuerte y querido abrazo, y salir al patio y rezar intensamente ante los gloriosos ojos de mi Reina de la Amargura y mi Señor del Huerto.
Emoción de ver a los niños junto a sus madres en las filas.
Emoción al rezar por las calles, por las esquinas, por los rincones de mi Granada, cumpliendo mi humilde función en el cortejo y haciendo un rosario de penitencia y de felicidad de todas las circunstancias de la salida.
Emoción al encontrarme a mi cuñada Noelia, que este año no ha podido salir porque en su vientre ya lleva la que será una de las más guapas cofrades de Granada. Amor de madre que espera a su Virgen para seguir regalandole Salves.
Emoción al llegar ante el sagrario de nuestra Santa Catedral y alcanzar el zenit de esta peregrinación dolorosa y gozosa, y rezar con lágrimas de cofrade agradecido ante Dios que tanto nos dio y nos da para que vivamos la dicha infinita de la gracia. Dios hecho Eucaristía que nos recibe para darnos el abrazo del Padre, como al hijo de la parabola, antes del cruzar el perdón hecho puerta. Allí encomendar por mis hijos, por mi mujer, por mis padres, por la familia, por los amigos y por todos aquellos a los que les pueda servir mi oración y penitencia. Tiempo de gracia en el crucero del templo de los granaínos.
Salida de ángeles y coros del cielo. La Gloria vuelve a las calles. El barrio prepara su reclinatorio sacro para postrarse y rezar al paso de las Bienaventuradas Imágenes comendadoras.
Emoción de una bulla infinita que recibe en la calle Santiago a sus Sagrados Titulares en una marea de rezos, peticiones y acción de gracias.
Emoción y sentimiento en el "ahí queó", en el abrazo y el beso a mi familia y todos mis hermanos en el viejo compás del convento.
Flor prendida en la mano para, como cada año, regalarsela a mi madre.
Última oración en el altar del paso y silencio orante en el traslado a sus capillas.
Silencio al llegar a casa.
Es la hora de cerrar los ojos, con el latir del tambor todavía en los oidos, y comenzar a soñar que el Lunes Santo comienza de nuevo.
Lunes Santo de emoción y de emociones, de sentimientos, pasiones y oraciones.

2 comentarios:

monaguillo dijo...

Asi es na más. Pasión en estado puro. ¡Qué grande ser padre!

Angel Henares dijo...

Y que lo digas. No hay ná mejor que vivir la Cofradía en familia. Y con amigos y gente buena como tu.

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