La Pascua no es una fecha. La Pascua comenzó y no termina, porque Cristo nos
regala sus dones para que disfrutemos sus frutos todo el año. El final de la Pascua es el comienzo de un
paso más en nuestro compromiso. La
Pascua es un periodo de Gracia que Dios nos da para “cargar”
las pilas. Es el momento del compromiso. Recomiendo que en lo que nos queda de Pascua y en el
tiempo ordinario que le sigue, leamos como meditación de la Palabra diaria, los Hechos
de los Apóstoles. Seguro que será un gran incentivo para vivir nuestro
compromiso comprobar la reacción de los primeros cristianos tras la Resurrección.
Los Hechos de los Apóstoles
(Hch 2,46), nos cuentan como había una característica que llamaba poderosamente
la atención de todos: la alegría.
Ellos, que habían conocido la esclavitud del pecado, experimentaron la Liberación que les
traía la resurrección de Cristo.
Cuando hagamos discernimiento de espíritu, para ver como anda nuestra vida cristiana, la alegría de verdad, la felicidad interna y la paz, es una manifestación de que estamos llenos de Dios y de que estamos realizando lo correcto.Personalmente soy capaz de recordar fechas y momentos de gran felicidad y alegría en mi vida y veo en ella la huella de Dios y veo que son momentos en los que dije a Dios "sí" sin temor.
Por el contrario en momentos de dudas en mi camino personal, en bajones en mi actitud en mi lucha por alcanzar mi propia santidad, en aquellas situaciones en las que he dejado mi oración personal, mi compromiso personal o simplemente he pisado un poco "el freno", descubro esa falta de la alegría interna auténtica, la tristeza y la falta de ilusión.
Apartarme de lo que Dios me pide es llenarme de desesperanza, llenarme de cosas temporales y materiales que me hacen pasar el tiempo pero que no me provocan más que dolor de cabeza.
Sí, apartarme de Dios es como una borrachera. Una alegría temporal y artificial y después una horrible resaca.
Pero claro, para repartir, para llevar a los demás a Dios es importante que estemos nosotros llenos de Dios. Es imporante nuestra formación personal, nuestra oración personal con Dios, nuestra reconciliación con el Señor cuando sabemos que le hemos fallado a través del Sacramento de la Penitencia y el llenarnos de su Vida en la Eucarístia.
A veces no vemos las cosas. No vemos nuestro futuro claro. Nos encontramos en una neblina que nos desespera. Pero Dios nos da una luz. Simplemente meditar aquellos momentos de gran felicidad en nuestra vida con Cristo. Allí encontramos a Dios, y como "una resurrección", sabremos que volveremos a sentir todo aquello de nuevo. Porque nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra confianza en Cristo nos dice que al final de la oscuridad siempre estará la Luz de Cristo. Y que tan sólo hay que extender nuestra mano en la penumbra y dejar que Él nos la coja y nos guie hasta la salida. Porque cuando uno se abandona en Dios siente esa paz interior, esa tranquilidad que da la confianza de saber que junto a Él no existe la equivocación. Por el contrario no abandonarse, retrasar sus planes en nuestra vida provoca en nosotros una gran sensación de inseguridad, de frustación, de tristeza interior.
Dice S. Josémaría "Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte integrante de tu camino. -Pide esa misma alegría sobrenatural para todos .La alegría que debes tener no es esa que podríamos llamar fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro Padre-Dios" (Camino 659-665).
Que María Santísima, a la que desbordó la alegría de ver a su Hijo resucitado, nos ayude a vivir la Pascua todo el año, a pasar del hombre viejo del Pecado al Hombre Nuevo del Evangelio, y que fortalezca nuestros sentimientos de hijos de un DIOS VIVO.
































