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miércoles, 29 de febrero de 2012

VIDA INTERIOR, EL CORAZÓN DE LA CUARESMA

"La vida interior es un baño de amor en que el alma se sumerge"
San Juan María Bautista Vianney

San Juan María B. Vianney, más conocido como el Santo Cura de Ars, era un  humilde sacerdote que convirtió una pequeña aldea como era Ars (de unos 300 habitantes), en lugar de peregrinación de toda Europa para ir a escucharle, pero sobre todo para confesarse con él. Porque desde que accedió a esta pequeña iglesia, su empeño no fue otro que el de lograr a través de la Eucaristía, de la Confesión,  de la oración, de la penitencia y de la caridad, una vida interior plena que acercara las almas a Dios y convirtiera los corazones, transformando la vida externa de sus parroquianos.
Se trataba de un hombre humilde, pero tan cargado del amor de Dios y de la necesidad de ser auténticos de pensamiento, palabra y obra, que se hizo GRANDE a los ojos de Dios y de los hombres. La importancia de alcanzar una Vida Interior santa. De acercarnos a Dios con la oración, en la Eucaristía, de lavar nuestras “manchas” en el sacramento de la Reconciliación, de meditar la Palabra y de convertir todo esto en obras. Porque claro, nada puede dar quien no tiene nada. Y el que no tiene “Vida Interior”, es muy difícil que pueda llevarla al exterior.
Aquel hombre, por el que van pasando ya los años, sostendrá como habitual la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos en el confesionario. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho.”
Lamberto de Echeverría, El Santo Cura de Ars, en el Año Cristiano.

Evidentemente la mayoría de nosotros somos laicos y Cristo no nos pide lo mismo que a San Juan María B. Vianney. Por eso es tan importante saber escuchar y ver que es lo que Cristo me pide a mí. 
En cuaresma se pone especial énfasis en despojarnos de toda clase de externalidades, de que busquemos el acercamiento sincero con Dios, de que no descuidemos nuestra vida interior. Se trata de que en nuestra vida  espiritual estemos también “en forma”.

Jesús nos propone en Cuaresma tres ejercicios seguros “para estar en forma”: Ayuno y abstinencia (mortificación de todo aquello que nos sobra y nos ata a lo material impidiéndonos ser libres),  limosna (o sea, caridad y desprendimiento para con el hermano) y oración (encuentro cercano y auténtico con cristo en cada acto de nuestro día) (Evangelio del miércoles de ceniza: Mt 6, 1-6.16- 18). Y todo esto viviendolo con alegría. Porque el que asimila cuaresma con tristeza está totalmente confundido, como se desprende de la lectura del Evangelio. Porque todo lo que nos acerca a Cristo, desemboca en alegría.

Porque si vemos una roca en un camino, rodeada de rosales y cubierta de rosas, hojas frescas y emanando un dulce aroma… ¿podremos decir que está llena de vida? Y si observamos una columna de mármol ricamente labrada por el que se enreda una hermosa y vital planta de hiedra, ocultándola….¿Podremos decir que está llena de vida? ¿O es la vida exterior la que nos esconde un corazón frio, duro, y sin aliento?
No nos engañemos, Dios mira directamente al interior del hombre, aparta a un lado la maleza, la vegetación, los adornos y las externalidades y descubre un corazón desnudo y humilde, lleno o no de vida. Ardiente en el amor de Dios por llevar una vida interior cercana a Cristo, o frio, duro, inerte como esa roca o esa columna de mármol.
Les voy a contar un cuento que escuché el otro dia en una charla:
“Había una vez un hombre al que le encantaban los tomates. Andrés se dedicaba a ir por todos los lugares visitando mercados, huertos e invernaderos buscando tomates de todo tipo de tamaño, forma y variedad. Cuando encontraba uno que le llamaba la atención, por su sabor o su aspecto, no dudaba en adquirir también la semilla, y la plantaba en sus tierras. Tenía una finca en cuyo centro se situaba su casa y alrededor de esta tenía numerosos huertos en cada uno de los cuales había una variante distinta.
Sin embargo, un día le regalaron un tipo de tomate que nunca antes había visto. Tenía un brillo especial, un fresco color y un olor excepcional.
Al morderlo una explosión de sabor se extendió por su boca. Nunca antes había probado nada igual. Excitado por tal hallazgo le preguntó dónde podría comprar sus semillas.
 – Nadie lo sabe. Los traen de un lugar muy lejano y desconocido, a través de varios intermediarios y mercaderes. Y el origen último nadie lo conoce. No hay semilla conocida.
Pero desde el momento que existía tendría que haber nacido de algún sitio. Y Andrés aquel año se propuso destinar toda la superficie de su finca a producir esa nueva variedad. Aró todo su terreno, y eliminó cuidadosamente todas las malas hierbas. Con el rastrillo emparejó y desterronó lo arado, y finalmente midió las distancias a fin de ubicar los surcos. De punta a punta trazó las líneas rectas como renglones de un cuaderno.
Cuando tuvo todo preparado, comenzó la verdadera tarea. Colocándose en la cabecera del primer surco, abrió con la punta del pie un pequeño hoyo en la tierra, y metiendo la mano en la bolsa que colgaba de su hombro, hizo ademán de sacar algo que simuló colocar delicadamente en el hoyito. Luego se incorporó un poco, y con el borde de la zapatilla volvió a colocar la tierra en su lugar, apisonándola suavemente con la planta del pie. Y  repitió todos los gestos habituales en la siembra de tomates. Sólo que en esta especialísima circunstancia había un detalle omitido: la semilla. Y así recorrió toda la extensión del surco, y de la misma manera la de todos los demás. Lo único que faltó fue la semilla. Y bastó ese solo detallito para que aquel año Andrés  se quedara sin tomates. Porque para conseguir lo que pretendía, Andrés había ingenuamente creído que se le exigía realizar todo el esfuerzo de la siembra, suprimiendo simplemente aquel elemento.” Mamerto Menapace
Así podemos ser nosotros, nuestras familias y nuestras Cofradías si descuidamos nuestra Vida Interior. Podemos poner la mayor de las voluntades, como decía San Ignacio,  “ad maiorem Dei gloriam”. Podemos volcarnos en nuestros actos, pregones, levantás, carteles y revistas esta Cuaresma. Podemos ser lo más primorosos y exquisitos a la hora de preparar nuestros besamanos, altares y pasos. Podemos poner la máxima atención y amor para que en la Estación de Penitencia  todo salga a la perfección. Podemos buscar la mejor flor, la más fina cera, el más embriagador de los inciensos. Y todo, todo esto para rendir el mejor de los cultos a Cristo, para ofrecer al Señor el mejor de los altares, para llevar su Imagen y su Palabra a todos los rincones de Granada y portar el mensaje de la Pasión, Muerte y Resurrección  de Nuestro Señor. Pero si no cuidamos nuestra vida interior, seremos como ese agricultor del cuento, que lo preparó todo de forma extraordinaria, cuidando al máximo los detalles, pero le faltó lo más importante. Y a nosotros nos pasará lo mismo. Si en medio de tanto preparativo no ponemos la semilla de Dios en nuestra alma, no daremos el fruto necesario. Caeremos en un “activismo” sin fruto, porque falta la espiritualidad interior.
Seremos esa roca y esa columna rodeadas de belleza, pero frías e inertes en su interior. O como el propio Cristo indica tajante en el Evangelio:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.” Mateo 23,1-39
Que nos dejemos ayudar por el ejemplo de tantos santos de la Iglesia que entregaron sus vidas para que los que le rodeaban encontraran a Cristo en su interior y que desde la riqueza interior han construido un bello mundo exterior a imagen del Evangelio. 

Que nos acerquemos a Jesús a través del dialogo cercano en la oración. Que nos llenemos con el pan de su amor eucarístico, que busquemos su perdón en la confesión, y que derramemos amor desinteresado entre nuestros hermanos. Y que preparemos en esta Cuaresma con autenticidad la Pascua, verdadero centro de nuestro año liturgico, para que Cristo haga brotar y dar fruto esa semilla que con esmero hemos preparado, sembrado y cultivado en nuestro interior.

Y que María Santísima, que guardaba en su corazón todas las vivencias y palabras de su Hijo, nos ayude en esta hermosa tarea.


martes, 17 de enero de 2012

El papel de las Cofradías en la Nueva Evangelización

Al comenzar este nuevo milenio, Juan Pablo II nos hacía un llamamiento a renovar la formación de los Pueblos, a reafirmar el mensaje del Evangelio a nuestro alrededor y a luchar contra la secularización del mundo actual mediante una nueva evangelización.


Muchos son los que se plantean qué valor tienen las actitudes cofrades, la vocación cofrade en el seno de una Evangelización que se presenta como renovada y abierta a los nuevos tiempos, cuando el ser cofrade parece que representa unos valores antiguos, pasados de época y desfasados para el mundo en el que vivimos.

En la sociedad en la que estamos, llamada de la Comunicación, las Cofradías deben cobrar un papel muy importante. Cuando nacieron las Hermandades, uno de los muchos fines que tenían era el de “sacar el Evangelio a la calle”. El de dar a conocer los misterios del Evangelio a una población de baja cultura religiosa, que desconocía la Palabra. Se trataba de dar formación cristiana, formación plástica, visual. De evangelizar a aquellos que no conocían la vida de Cristo. “Nadie enciende la lámpara y la pone en un rincón, ni bajo un celemín, sino sobre un candelero, para que todos tengan luz” (Lc 11,33).

Hoy día nos encontramos un mundo secularizado, una humanidad que es consciente de Cristo, y a veces lleva a su vida parte de su mensaje, pero que vive apartada de Dios y su Evangelio. Que desconoce el Misterio de la Redención.

Por eso hay que salir a las calles a anunciar a Cristo y su mensaje. No quedarnos esperando a que vengan a nosotros. Salir a la calle y dar luz en la oscuridad, como hacen simbólicamente los nazarenos desde sus filas con sus cirios.

Por eso es que el fin y el espíritu de las Cofradías y Hermandades está hoy más vivo que nunca. Hay que salir a las calles, a las plazas, a las avenidas y a los barrios, llevando el mensaje de Cristo. En primer lugar las obras de los cristianos cofrades formados y que en el día a día y en el trabajo dan ejemplo de cómo vive un cristiano comprometido (Lc 24,46-48). Y en segundo lugar sacando los templos, los altares, el Evangelio hecho imágenes para que la gente reconozca por las calles a su Redentor, y vea a aquel que tanto nos amó que dio la vida por nosotros. “Ved mis manos y mis pies, que soy Yo.”(Lc 24,39).

Ese será el primer paso para que una vez descubierta la sensación de Dios dentro de él mismo, se acerque a las cofradías, a las Parroquias, y estas le den la formación y el abrazo cristiano que les falta.

Porque quien niega esto, este papel comunicador del mensaje de Cristo de la Cofradías entre aquellos que andan “apartados”, niegan una realidad constatada. No hay duda de que la Semana Santa, en aquellos lugares donde no existen cofradías o Hermandades, está más secularizada, más vacía de contenido cristiano, que aquellas que llenan sus calles con la imagen de la Pasión de Cristo.

Pero para que esto sea cierto, no cabe duda de que es necesario que cada Cofradía, cada Parroquia y la Iglesia en general, luche para que se le den a los actos de culto público, un carácter eminentemente religioso, frente al cultural o turístico que se nos pretende imponer desde diversos ámbitos.

Otra labor fundamental de las cofradías en la Nueva Evangelización, es la formación interior de sus miembros.

El movimiento cofrade es una de las asociación religiosa que más miembros tiene. Por eso es fundamental que la renovación cristiana se de muy especialmente dentro de cada cofradía.

Las Juntas de Gobierno, la Federación de Cofradías y la Iglesia en general, tienen una responsabilidad moral, humana y cristiana muy importante con los jóvenes que están en cada hermandad. Un toque de corneta, un costal, una mecía del paso de palio, hacer penitencia junto a la imagen de Cristo, la magia de un nazareno recorriendo las estrechas callejuelas, la tradición familiar.....son tantas las motivaciones que llevan a un joven a querer vivir su vocación cristiana en el seno de una Hermandad.

Por eso es obligación nuestra, a veces más que la de ellos, y seremos responsables ante Dios si no lo hacemos, la de acercarnos a ese joven y ofrecerle una formación seria y adecuada. La de promover su fe y la de evangelizarle y alentarle a vivir con coherencia su compromiso.

Y lo mismo con las familias. Este año, ante el Encuentro Mundial de las Familias de Milán (EMF) el mensaje de Benedicto XVI, reafirma la importancia del trabajo con las familias. Las Cofradías tienen un campo magnífico para evangelizar desde la familia, para ayudar a llevar la fe a las familias, para unir en la oración a numerosas familias cofrades que acuden a su cofradía. Este papel es fundamental. Hay que darle una importancia primordial a las familias que están integradas en una Hermandad.

Como vemos son muchos y muy importantes los caminos que mueven a las Hermandades en el seno de la Nueva Evangelización que promovío en su momento S.S. el beato Juan Pablo II al comienzo de este nuevo milenio y que actualmente Benedicto XVI, también ha hecho suya.

Por eso las Hermandades deben proponerse como objetivo prioritario la formación cristiana, de niños, de jóvenes y de adultos y la profundización y profundidad de sus cultos.

Porque sabemos que el futuro de nuestra sociedad, de nuestra Iglesia y muy especialmente de nuestra Semana Santa, es la formación y vida cristiana de nuestros jóvenes y familias.

Una Semana Santa llena de Cofrades sin profundidad, sin amor a Dios es una Semana Santa sin presente y sin futuro.

Que el Nuestro Señor Jesucristo nos ayude a ser fieles en nuestro compromiso humano y cristiano. Y que este año seamos bendecidos en nuestra labor bajo el manto de María Santísima.

sábado, 24 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD

"y acontece, que en una época en que todos los hombres quieren ser dioses, viene DIOS y se hace hombre"

TE DESEO,
A TÍ Y A LOS TUYOS,
UNA MUY FELIZ NAVIDAD.
QUE EL NIÑO DIOS QUE NOS NACE HOY EN EL CORAZÓN DE CADA UNO,
TE COLME DE SU PAZ Y DE SU AUTÉNTICA
FELICIDAD, Y OS COLME DE TODA
CLASE DE BENDICIONES.
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!



lunes, 19 de diciembre de 2011

EL ORIGEN CRISTIANO DEL ARBOL DE NAVIDAD

A continuación os pongo este interesante artículo que me ha recomendado un compañero del colegio, sobre el origen del arbol de Navidad:

"EL ORIGEN CRISTIANO DEL ARBOL DE NAVIDAD.

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.

Una interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-, popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII.

San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.

Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731).

A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.

Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.

El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.

El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo).

Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.

ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL

Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético.

La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.

En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.

Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.

SENTIDO CRISTIANO

El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.

En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

• El azul, para las oraciones de reconciliación.

• El plateado, para las de agradecimiento.
• El dorado, para las de alabanza.
• El rojo, para las de petición.
• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.

El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes…

Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños:

“Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

LOS ADORNOS NAVIDEÑOS

Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:

Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

Como nos dice Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005)"

“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).

FUENTE: PRIMEROSCRISTIANOS.COM

domingo, 27 de noviembre de 2011

Comienza el Adviento

Hoy comienza el Adviento. Hoy es el primer domingo de Adviento, tiempo de esperanza, de alegría, de oración y de caridad. Tiempo para preparar nuestra alma y nuestro ser para la llegada de Cristo, que está dispuesto a nacer en nuestros corazones y a reinar en nuestra vida.

El Adviento es tiempo de celebración y de penitencia. Tiempo de prepararnos para "La Gran Venida". De hacernos humildes para poder ver a Dios. Porque sólo desde la pequeñez podemos ver a Jesús, a Dios que se hace también pequeño.

Es tiempo para fomentar especialmente la oración, el encuentro personal con Él en los sacramentos, especialmente en la penitencia y la Eucaristía, tiempo para la caridad sincera, para el ayuno de tantas cosas que nos sobran y el acercamiento a los más necesitados (en especial de cariño, de cercanía, de amor, de compañía....).

El tiempo de Adviento es un tiempo para hacer de nuestra alma, un alma sencilla y entregada, como la de los pastores que acudieron al portal. Es tiempo de llenar nuestra alma de grandeza, de grandes ideales y horizontes, como la de los reyes que acudieron al santo pesebre. Es tiempo de ser servidores y portadores del mensaje de esperanza que nos viene, como hicieron los ángeles en Belén. Es tiempo de fijarnos a tres grandes figuras que deben ser nuestro faro en este tiempo, María Santísima, Isaías, y Juan el Bautista, portadores de la Nueva Nueva y pregoneros de Cristo en diversos momentos de la historia de la salvación.

Y sobre todo es tiempo de ir preparando nuestro corazón, nuestra alma, nuestro hogar, nuestro ambiente, como si se trataran de mismísimo pesebre donde va a nacer Cristo. Porque así es. Cristo ya no nace sólo en Belén, sino que para Cristo, cada uno de nosotros somos Belén, y ya está de camino.

Os dejo con esta imagen que he visto en internet, y que nos sirve para reflexionar sobre la venida de Jesús, y también para reflexionar y pedir por tantos niños que están por llegar y por tantos otros que subiran directamente al cielo, antes de nacer, por la falta de amor de nuestra sociedad.

viernes, 7 de octubre de 2011

Dentro de ti

¿Dices que estás solo? ¿Que no lo encuentras? ¿Qué no lo sientes? ¿Has buscado dentro de tí? ¿Has abierto las puertas y los cajones de tu interior?

Dios está tan cerca que te susurra al oido, que vibra en tu interior, que llama todos los días a tu puerta, que te pellizca el alma, que da calor a tu corazón.
Sientelo.

¿No lo encuentras? ¿Piensas que te ha dejado? Somos nosotros los que no le abrimos, los que miramos a otro lado al pasar a su lado.

La puerta de nuestro interior no tiene pomo por fuera. Sólo se abre desde dentro. Cristo llama y llama y los ruidos de nuestra vida, las ocupaciones, los desordenes, la comodidad y la debilidad nos impiden escucharlo.

¿Quieres sentirlo?
Cuando dudes, cuando te creas solo, cuanto te sientas abandonada, cuando no veas la salida pon la mano en tu pecho y escúchalo. ¿Lo sientes palpitar? ¿Sientes el latido de Su amor dentro de tí?
En cada pulsación te exclama "Te quiero" "Estoy aquí" "Dentro de tí" "En los demás" "Te quiero" "Junto a tí" late su palabra en nuestro pecho una y otra vez.

Siéntelo.
"pump, pump", "pump,pump". "Yo Soy", "Te quiero". Una y otra vez. No se cansa nunca de decirlo.

Donde mejor puedes encontrar a Cristo, es en el Sagrario, en los demás, en la Eucaristía y en tí mismo. Porque aquel que es todo Amor, late con fuerza en nuestro interior. Apartate del ruido. Escúchalo. Siente el latido de su amor en tu interior.

Cuanto mas nervioso, cuanto más necesitada, cuanto más angustiado, más rapido late tu corazón, porque más fuerte Cristo te repite una y otra vez lo mucho que te quiere, lo cerca que lo tienes, lo Vivo que te habla y que te escucha. Y más fuerte bombea por todo tu cuerpo su Fuerza y su Esperanza para que tú la sientas y saques fortaleza de donde no la tenías. Sientelo. Pon la mano en tu corazón y pídele esa fuerza que necesitas. Ahoga tu debilidad en su pecho.

¿Te sientes solo? Sumérgete en el silencio delante del Sagrario. Y allí, déjale que te hable. No le atosigues hablando tu solo. No apagues la conversación con tu monólogo. Deja que te hable en el silencio. Allí, ante el Sagrario sentirás ese latido maravilloso de vida y de esperanza en tu interior.

La oración, la oración es la llave que abre todas las puertas.
"Hablame Señor, que tu siervo escucha".

¿Te sientes sola? ¿Te ves desamparado? Búscalo en el amor a los demás. Derrocha caridad y encuéntralo a través de los ojos de los que te rodean. En casa, en el trabajo, en la calle, en tus ambientes, en los que más lo necesitan. Está ahí, observandote a través de las pupilas del otro, y latiendo en su corazón para que todo el mundo lo sienta.

¿Lo sientes ahora? Ha estado ahí siempre. Sólo faltabas tú en esta historia.

Él siempre está ahí. Abre el pomo de tu puerta desde dentro. Siéntelo latir en tu vida, en cada circunstancia, en cada quehacer, a cada minuto.

Cuando quieras ponerte a buscarlo, como en el hijo pródigo, Él ya te está esperando, sonriente y con los brazos abiertos para abrazarte.


miércoles, 20 de julio de 2011

El Rosario Universal de la JMJ 2011

La Jornada Mundial de la Juventud, ya está a las puertas. Queda menos de un mes y muchas son las iniciativas que giran en torno a este gran encuentro de la cristiandad que el Beato Juan Pablo II puso en marcha.

Una de estas actividades es el "Rosario Universal".

El Rosario Universal consiste en lo siguiente:

Durante los momentos de espera previos a la Vigilia, se rezará el Santo Rosario.

Para facilitar el sentido de catolicidad, cada avemaría y cada oración se recitarán en una lengua distinta. Estas oraciones se seleccionarán de las grabaciones que hayan sido enviadas para este fin a través de la web: http://www.rosariouniversal.org/

El objetivo principal es componer una grabación en vídeo de una parte del Rosario, para guiar el rezo de los que lo reciten en la explanada de Cuatro Vientos.

Aquí pueden grabar una persona o a un grupo, con paisajes y localizaciones diversas, en cualquier lengua conocida, siempre que se haga, como indica la própia web, con devoción y sencillez.

Una gran iniciativa. ¡A animarse!



martes, 26 de abril de 2011

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

El auténtico acontecimiento de esta semana (no se dejen engañar por bodas de marketing y "partidos del siglo"), es sin duda alguna la beatificación de Juan Pablo II el próximo día 1 de Mayo en la Basílica de San Pedro del Vaticano por Benedicto XVI.

Muchos somos los que no podremos olvidar la fecha del 2 de Abril de 2005, cuando Juan Pablo II se abrazó definitivamente con el Padre celestial, con su Jesús de la Misericordia, o de la Divina Misericordia, al que tanta devoción tenía.

Recuerdo aquellas horas en las que ya todos esperábamos lo peor, y en las que la gente se agolpaba en la Plaza de San Pedro acompañando a este Papa amigo en su pasión particular.

Recuerdo que andabamos cerca de Plaza Nueva, y que al enterarnos acudimos a la Catedral de Granada, por si la abrían y se hacía algún tipo de oración o plegaria. No fuimos los únicos. Muchos fieles se acercaron y se encontraron, como nosotros, la puerta cerrada. Esperamos por los alrededores, pero al final acabamos cada uno en nuestra casa con nuestra oración interior y pegados al televisor empapandonos llenos de amargura de todo lo que rodeaba a la muerte de "nuestro Papa".

Y es que, como he comentado con mucha gente, Juan Pablo II había sido siempre "nuestro Papa". Lo era en primer lugar porque prácticamente no habíamos conocido a otro. Alcanzó su pontificado en 1978 (cuando nació mi mujer y mi hermano), y cuando yo contaba con 5 años, o sea, que desde que tuve conciencia como miembro de la Iglesia, él había sido su cabeza. 27 años de Sumo Pontífice.

Pero además era también "nuestro Papa", por su cercanía, porque vivimos nuestra juventud con su mirada alegre que nos hacía muy cercanos la figura del sucesor de Pedro. Porque con su forma de llegar a la Iglesia militante, y muy especialmente a los jóvenes, descubríamos la mano del Viario de Cristo en la tierra, y a toda la Iglesia de una forma muy próxima.

Era "nuestro Papa", porque sabía cómo decirnos todo aquello que debíamos escuchar, porque nos hablaba al corazón con la voz de aquel que te quiere, porque sus consejos hacían mella en nuestra alma, porque encontrabamos en sus palabras la calidez del que confía en tí y cuenta contigo.

Era "nuestro Papa" porque tras su firme voz escuchábamos a Cristo, por su fuerza a la hora de defender el Evangelio "sin medias tintas", por su valentía a la hora de proclamar el amor de Dios en todas partes, por su firmeza a la hora de defender nuestra libertad de hijos de Dios, por su entrega a la hora de proclamar lo mucho que Cristo nos quiere y nos espera con los brazos abiertos del Padre de la parabola del hijo pródigo.

Fue "nuestro Papa" porque lo vimos entregandose en pos de "su misión" en la fortaleza de su juventud, en la humildad de su sacerdocio, en la plenitud de su papado, en la fe de sentirse arropado siempre por el Padre, en la debilidad de su vejez, y en el dolor de sus últimos días.

Fue "nuestro Papa" porque se abrazó a María durante todos sus días, y porque muy especialmente durante y después del atentado, fue abrazado por Ella.

Fue "nuestro Papa", porque nos trajo a todos los jóvenes la esperanza del Resucitado, la esperanza de algo superior a lo material, la fe de un Cristo Vivo en cada uno de nosotros, y la necesidad de llevar la caridad de un corazón lleno de amor a todo el mundo.

Fue el Papa que nos animó a "Cruzar el umbral de la esperanza", que nos gritó: "¡Levantáos!, ¡Vamos!", que nos habló del "Don y Misterio", que defendió la vida en todos sus estados, y que nos lanzó el mayor y el más ilusionante de los desafíos: "No tengáis miedo a ser santos".

Fue el Papa que nos conmovió, más allá de sus palabras, también con sus silencios. Dicen, quienes tuvieron la oportunidad, que era una de las experiencias más emocionantes verlo rezar en la intimidad de su oratorio. De ahí sacaba todas las fuerzas para la frenética actividad que llevaba, para la amplia vida pastoral y pontifical que desplegaba. En el sagrario se encontraba con Aquel que le daba la Vida, y frente al sagrario lo descubríamos "En Casa". Precisamente aquí en Granada lo recordamos orando en la Basílica ante Nuestra Patrona, la Virgen de la Angustias en una imagen inenarrable.

Fue el Papa viajero, el Papa de los jóvenes, el Papa de las familias, el Papa de las canonizaciones, el Papa de la cercanía, el Papa de la Nueva Evangelización, el Papa que ayudó a derribar "el muro", y para los cofrades granadinos fue el Papa que puso un Palio, el bendito Palio de María Santísima del Mayor Dolor, en la Plaza de san Pedro en lo que será una estampa maravillos para el recuerdo.

Pero además de pasar a la historia por todo esto y ser recordado como"Juan Pablo II el Magno", será sobre todo, y ante todo, "nuestro Papa", el Papa de nuestra juventud, el Papa con el que crecimos en la fe, el Papa que nos enseño a amar a nuestra Iglesia, con sus virtudes y sus pecados, el Papa que nos enseñó a coger con mano firme el crucifijo de Cristo y elevarlo sobre nuestras cabezas, sobre nuestros miedos, nuestras tristezas y nuestras limitaciones, como él mismo hizo en sus momentos mas dificiles.

Mi primer recuerdo de él fue cuando vino a Granada en su primera visita apostólica a España. Era solo un niño que acudía con la Parroquia de los Dolores como el que va de excursión. No recuerdo mucho de su homilia (aunque después la he releído en varias ocasiones, porque hablaba de los educadores. Si alguno la quiere se la puedo proporcionar.) Pero tengo grabada su imagen a su paso a nuestro lado en el papamovil.

Y además de su recuerdo en sus numerosas actividades, encuentros, homilias, intervenciones, vida litúrgica e inmumerables textos, recuerdo cuando estuvimos en Roma, cuando nos acercamos a su sencilla tumba y en aquel silencio, rodeados de innumerables fieles, nos sumergimos en la paz de aquel que está muy cerquita de Dios, después de haber hecho muy bien "su tarea", intercediendo por todos nosotros.

Joseph Ratzinger dijo de él en su funeral:

Sígueme” dice el Señor resucitado a Pedro, como su última palabra a este discípulo, escogido para apacentar a sus ovejas. “Sígueme” esta palabra lapidaria de Cristo puede ser considerada la llave para comprender el mensaje que viene de la vida de nuestro llorado y amado Papa Juan Pablo II, cuyos restos pondremos hoy en la tierra como semilla de inmortalidad, el corazón lleno de tristeza, pero también de gozosa esperanza y profunda gratitud. (...)

El Santo Padre ha sido sacerdote hasta el final, porque ha dado su vida a Dios por sus ovejas y por la entera familia humana, en una donación cotidiana al servicio de la Iglesia y sobre todo en las difíciles pruebas de los últimos meses. Así ha llegado a ser una sola cosa con Cristo, el buen pastor que ama a sus ovejas.

Y finalmente, “permaneced en mi amor”: El Papa que ha buscado el encuentro con todos, que ha tenido una capacidad de perdón y de apertura del corazón para todos, nos dice, también hoy, estas palabras del Señor: Habitando en el amor de Cristo aprendemos, en la escuela de Cristo, el arte del verdadero amor. ¡Sígueme!Nuestro Papa –lo sabemos todos– no ha querido nunca salvar la propia vida, tenerla para sí; ha querido darse a sí mismo sin reservas, hasta el último momento, por Cristo y así también por nosotros."

Muchas cosas podría decir de Juan Pablo II, pero todas esas cosas las sabeis. Este domingo, domingo de la Divina Misericordia de Jesús, que él mismo instauró en el Jubileo del 2000, será declarado beato, aquel que ya en vida sabíamos que era santo. "Santo súbito" proclamamos. No existe el tiempo cuando de amor se trata. Por eso tengamos un recuerdo especial este fin de semana hacia él. Pidamosle que interceda por nuestra vida, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra Iglesia, nuestro mundo. Y recordemosle de algún modo especial. Porque fue "nuestro Papa".

El Espíritu Santo nos ha dado otro gran Papa en Benedicto XVI, pero Juan Pablo II será siempre para muchos "nuestro Papa", el Papa de nuestra niñez y nuestra juventud. Aquel que recordaremos de un modo muy especial y muy distinto. Un Papa que preparó a otro gran Papa, Benedicto XVI.

No quiero terminar esta entrada con datos de sus viajes, sus documentos o los números de su Pontificado. Prefiero dejarles con esta anecdota, que he leido en Aciprensa, que refleja muy bien el resto de su vida:

"Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.

El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.

Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.

Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, les respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.

El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos."

Los videos y mejores momentos de la beatificación, aquí

Algunos enlaces interesantes:


ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES POR INTERCESIÓN DEL BEATO
JUAN PABLO II

Oh Trinidad Santa,
Te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al papa Juan Pablo II
y porque en él has reflejado la ternura de tu paternidad,
la gloria de la cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor.

El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor,
indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria,
como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.
Concédenos, por su intercesión, y si es tu voluntad, el favor que imploramos,
con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.

AMEN


Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

Con aprobación eclesiástica

CARD. CAMILLO RUINI
Vicario General de Su Santidad
para la Diócesis de Roma


miércoles, 20 de abril de 2011

LITURGIA DE LA SEMANA SANTA

Para que conozcamos un poco mejor toda la liturgia y celebraciones que se desarrollan en Semana Santa, os propongo este texto:

"El Domingo de Ramos, al final de la Cuaresma, inaugura la Semana Santa: es como el pórtico que nos introduce en esos días decisivos para la historia de la salvación.

El Jueves Santo, por la
mañana, el Obispo concelebra la Santa Misa rodeado de sus sacerdotes y con la asistencia de una buena porción del Pueblo de Dios. En el curso de esa Misa, se bendicen los Santos Óleos que servirán para consagrar altares, para ungir a los catecúmenos —que, al recibir el Bautismo, serán como altares dedicados al servicio de Dios— y para administrar el sacramento de la Unción de los enfermos. También se consagra el crisma, materia del sacramento de la Confirmación, que otorga la mayoría de edad en Cristo a los bautizados.
En el curso de esa ceremonia, los presbíteros renuevan las promesas sacerdotales que pronunciaron el día de su ordenación. Todos los miembros del Pueblo sacerdotal, ministros y fieles laicos, se dan cita ideal en esa celebración litúrgica. ¡Qué buen momento, para intensificar nuestra plegaria a Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, para que haya muchos sacerdotes santos y para que también los cristianos seglares —hombres y mujeres— aspiren seriamente a la santidad, cada uno en el propio estado! Por la tarde, durante la Misa in Cena Domini, conmemoraremos especialmente la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial. El hoy de la renovación sacramental del Misterio pascual, el hoy de la Cruz —que el Señor anticipó en la Última Cena—, se hace presente en cada celebración eucarística y, con un relieve particular, el Jueves Santo.
Asombrémonos ante la actualidad perenne del Sacrificio del Calvario, de modo especial en la Misa
in Cena Domini. Este día, antes de realizar la Consagración, el Canon Romano pone en boca del sacerdote unas palabras propias de esta solemnidad: el cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres, tomó el pan en sus santas y venerables manos... Roguemos a la Trinidad Santísima que no nos pase nunca inadvertido este exceso de amor por parte de Jesucristo.
No sólo ha entregado una vez su vida en la Cruz, sino que ha querido instituir la Sagrada Eucaristía y el sacerdocio para que, siempre y en todo lugar, hasta el momento de su venida glorio
sa al fin de los tiempos, podamos entrar en contacto vivo y verdadero con su Sacrificio redentor.
Pongámonos «en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente —escribía en su última encíclica Juan Pablo II—, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega "hasta el extremo" (
Jn 13, 1), un amor que no conoce medida».

La Misa vespertina del Jueves Santo nos introduce en la memoria de la pasión y muerte de Nuestro Señor, al día siguiente. «Existe una conexión inseparable entre la Última Cena y la muerte de Jesús. En la primera, Jesús entrega su Cuerpo y su Sangre, o sea, su existencia terrena, se entrega a sí mismo, anticipando su muerte y transformándola en acto de amor».
Al adorar ese día la Santa Cruz, digamos a nuestro Redentor un
¡gracias! sincero, que, acompañado del deseo de serle muy fieles, nos impulse a seguir caminando con perseverancia y alegría por la senda de la santidad.

Llegamos así a la víspera de la Resurrecció
n. En espera del triunfo definitivo del Señor, el Sábado Santo se presenta como una jornada de silencio y recogimiento. Los altares están desnudos, no hay ninguna ceremonia litúrgica; notamos incluso la ausencia del Santísimo Sacramento, que se reserva en un lugar apartado por si fuera necesario administrar la Comunión a modo de viático.

Por fin, en la Vigilia Pascual, «al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la gracia para ser sus discípulos».

Mons. Javier Echeverría, Abril 2011.

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II
1 de Mayo de 2011

Año de la Fe 2012-2013