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miércoles, 29 de febrero de 2012

VIDA INTERIOR, EL CORAZÓN DE LA CUARESMA

"La vida interior es un baño de amor en que el alma se sumerge"
San Juan María Bautista Vianney

San Juan María B. Vianney, más conocido como el Santo Cura de Ars, era un  humilde sacerdote que convirtió una pequeña aldea como era Ars (de unos 300 habitantes), en lugar de peregrinación de toda Europa para ir a escucharle, pero sobre todo para confesarse con él. Porque desde que accedió a esta pequeña iglesia, su empeño no fue otro que el de lograr a través de la Eucaristía, de la Confesión,  de la oración, de la penitencia y de la caridad, una vida interior plena que acercara las almas a Dios y convirtiera los corazones, transformando la vida externa de sus parroquianos.
Se trataba de un hombre humilde, pero tan cargado del amor de Dios y de la necesidad de ser auténticos de pensamiento, palabra y obra, que se hizo GRANDE a los ojos de Dios y de los hombres. La importancia de alcanzar una Vida Interior santa. De acercarnos a Dios con la oración, en la Eucaristía, de lavar nuestras “manchas” en el sacramento de la Reconciliación, de meditar la Palabra y de convertir todo esto en obras. Porque claro, nada puede dar quien no tiene nada. Y el que no tiene “Vida Interior”, es muy difícil que pueda llevarla al exterior.
Aquel hombre, por el que van pasando ya los años, sostendrá como habitual la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos en el confesionario. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho.”
Lamberto de Echeverría, El Santo Cura de Ars, en el Año Cristiano.

Evidentemente la mayoría de nosotros somos laicos y Cristo no nos pide lo mismo que a San Juan María B. Vianney. Por eso es tan importante saber escuchar y ver que es lo que Cristo me pide a mí. 
En cuaresma se pone especial énfasis en despojarnos de toda clase de externalidades, de que busquemos el acercamiento sincero con Dios, de que no descuidemos nuestra vida interior. Se trata de que en nuestra vida  espiritual estemos también “en forma”.

Jesús nos propone en Cuaresma tres ejercicios seguros “para estar en forma”: Ayuno y abstinencia (mortificación de todo aquello que nos sobra y nos ata a lo material impidiéndonos ser libres),  limosna (o sea, caridad y desprendimiento para con el hermano) y oración (encuentro cercano y auténtico con cristo en cada acto de nuestro día) (Evangelio del miércoles de ceniza: Mt 6, 1-6.16- 18). Y todo esto viviendolo con alegría. Porque el que asimila cuaresma con tristeza está totalmente confundido, como se desprende de la lectura del Evangelio. Porque todo lo que nos acerca a Cristo, desemboca en alegría.

Porque si vemos una roca en un camino, rodeada de rosales y cubierta de rosas, hojas frescas y emanando un dulce aroma… ¿podremos decir que está llena de vida? Y si observamos una columna de mármol ricamente labrada por el que se enreda una hermosa y vital planta de hiedra, ocultándola….¿Podremos decir que está llena de vida? ¿O es la vida exterior la que nos esconde un corazón frio, duro, y sin aliento?
No nos engañemos, Dios mira directamente al interior del hombre, aparta a un lado la maleza, la vegetación, los adornos y las externalidades y descubre un corazón desnudo y humilde, lleno o no de vida. Ardiente en el amor de Dios por llevar una vida interior cercana a Cristo, o frio, duro, inerte como esa roca o esa columna de mármol.
Les voy a contar un cuento que escuché el otro dia en una charla:
“Había una vez un hombre al que le encantaban los tomates. Andrés se dedicaba a ir por todos los lugares visitando mercados, huertos e invernaderos buscando tomates de todo tipo de tamaño, forma y variedad. Cuando encontraba uno que le llamaba la atención, por su sabor o su aspecto, no dudaba en adquirir también la semilla, y la plantaba en sus tierras. Tenía una finca en cuyo centro se situaba su casa y alrededor de esta tenía numerosos huertos en cada uno de los cuales había una variante distinta.
Sin embargo, un día le regalaron un tipo de tomate que nunca antes había visto. Tenía un brillo especial, un fresco color y un olor excepcional.
Al morderlo una explosión de sabor se extendió por su boca. Nunca antes había probado nada igual. Excitado por tal hallazgo le preguntó dónde podría comprar sus semillas.
 – Nadie lo sabe. Los traen de un lugar muy lejano y desconocido, a través de varios intermediarios y mercaderes. Y el origen último nadie lo conoce. No hay semilla conocida.
Pero desde el momento que existía tendría que haber nacido de algún sitio. Y Andrés aquel año se propuso destinar toda la superficie de su finca a producir esa nueva variedad. Aró todo su terreno, y eliminó cuidadosamente todas las malas hierbas. Con el rastrillo emparejó y desterronó lo arado, y finalmente midió las distancias a fin de ubicar los surcos. De punta a punta trazó las líneas rectas como renglones de un cuaderno.
Cuando tuvo todo preparado, comenzó la verdadera tarea. Colocándose en la cabecera del primer surco, abrió con la punta del pie un pequeño hoyo en la tierra, y metiendo la mano en la bolsa que colgaba de su hombro, hizo ademán de sacar algo que simuló colocar delicadamente en el hoyito. Luego se incorporó un poco, y con el borde de la zapatilla volvió a colocar la tierra en su lugar, apisonándola suavemente con la planta del pie. Y  repitió todos los gestos habituales en la siembra de tomates. Sólo que en esta especialísima circunstancia había un detalle omitido: la semilla. Y así recorrió toda la extensión del surco, y de la misma manera la de todos los demás. Lo único que faltó fue la semilla. Y bastó ese solo detallito para que aquel año Andrés  se quedara sin tomates. Porque para conseguir lo que pretendía, Andrés había ingenuamente creído que se le exigía realizar todo el esfuerzo de la siembra, suprimiendo simplemente aquel elemento.” Mamerto Menapace
Así podemos ser nosotros, nuestras familias y nuestras Cofradías si descuidamos nuestra Vida Interior. Podemos poner la mayor de las voluntades, como decía San Ignacio,  “ad maiorem Dei gloriam”. Podemos volcarnos en nuestros actos, pregones, levantás, carteles y revistas esta Cuaresma. Podemos ser lo más primorosos y exquisitos a la hora de preparar nuestros besamanos, altares y pasos. Podemos poner la máxima atención y amor para que en la Estación de Penitencia  todo salga a la perfección. Podemos buscar la mejor flor, la más fina cera, el más embriagador de los inciensos. Y todo, todo esto para rendir el mejor de los cultos a Cristo, para ofrecer al Señor el mejor de los altares, para llevar su Imagen y su Palabra a todos los rincones de Granada y portar el mensaje de la Pasión, Muerte y Resurrección  de Nuestro Señor. Pero si no cuidamos nuestra vida interior, seremos como ese agricultor del cuento, que lo preparó todo de forma extraordinaria, cuidando al máximo los detalles, pero le faltó lo más importante. Y a nosotros nos pasará lo mismo. Si en medio de tanto preparativo no ponemos la semilla de Dios en nuestra alma, no daremos el fruto necesario. Caeremos en un “activismo” sin fruto, porque falta la espiritualidad interior.
Seremos esa roca y esa columna rodeadas de belleza, pero frías e inertes en su interior. O como el propio Cristo indica tajante en el Evangelio:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.” Mateo 23,1-39
Que nos dejemos ayudar por el ejemplo de tantos santos de la Iglesia que entregaron sus vidas para que los que le rodeaban encontraran a Cristo en su interior y que desde la riqueza interior han construido un bello mundo exterior a imagen del Evangelio. 

Que nos acerquemos a Jesús a través del dialogo cercano en la oración. Que nos llenemos con el pan de su amor eucarístico, que busquemos su perdón en la confesión, y que derramemos amor desinteresado entre nuestros hermanos. Y que preparemos en esta Cuaresma con autenticidad la Pascua, verdadero centro de nuestro año liturgico, para que Cristo haga brotar y dar fruto esa semilla que con esmero hemos preparado, sembrado y cultivado en nuestro interior.

Y que María Santísima, que guardaba en su corazón todas las vivencias y palabras de su Hijo, nos ayude en esta hermosa tarea.


martes, 17 de enero de 2012

El papel de las Cofradías en la Nueva Evangelización

Al comenzar este nuevo milenio, Juan Pablo II nos hacía un llamamiento a renovar la formación de los Pueblos, a reafirmar el mensaje del Evangelio a nuestro alrededor y a luchar contra la secularización del mundo actual mediante una nueva evangelización.


Muchos son los que se plantean qué valor tienen las actitudes cofrades, la vocación cofrade en el seno de una Evangelización que se presenta como renovada y abierta a los nuevos tiempos, cuando el ser cofrade parece que representa unos valores antiguos, pasados de época y desfasados para el mundo en el que vivimos.

En la sociedad en la que estamos, llamada de la Comunicación, las Cofradías deben cobrar un papel muy importante. Cuando nacieron las Hermandades, uno de los muchos fines que tenían era el de “sacar el Evangelio a la calle”. El de dar a conocer los misterios del Evangelio a una población de baja cultura religiosa, que desconocía la Palabra. Se trataba de dar formación cristiana, formación plástica, visual. De evangelizar a aquellos que no conocían la vida de Cristo. “Nadie enciende la lámpara y la pone en un rincón, ni bajo un celemín, sino sobre un candelero, para que todos tengan luz” (Lc 11,33).

Hoy día nos encontramos un mundo secularizado, una humanidad que es consciente de Cristo, y a veces lleva a su vida parte de su mensaje, pero que vive apartada de Dios y su Evangelio. Que desconoce el Misterio de la Redención.

Por eso hay que salir a las calles a anunciar a Cristo y su mensaje. No quedarnos esperando a que vengan a nosotros. Salir a la calle y dar luz en la oscuridad, como hacen simbólicamente los nazarenos desde sus filas con sus cirios.

Por eso es que el fin y el espíritu de las Cofradías y Hermandades está hoy más vivo que nunca. Hay que salir a las calles, a las plazas, a las avenidas y a los barrios, llevando el mensaje de Cristo. En primer lugar las obras de los cristianos cofrades formados y que en el día a día y en el trabajo dan ejemplo de cómo vive un cristiano comprometido (Lc 24,46-48). Y en segundo lugar sacando los templos, los altares, el Evangelio hecho imágenes para que la gente reconozca por las calles a su Redentor, y vea a aquel que tanto nos amó que dio la vida por nosotros. “Ved mis manos y mis pies, que soy Yo.”(Lc 24,39).

Ese será el primer paso para que una vez descubierta la sensación de Dios dentro de él mismo, se acerque a las cofradías, a las Parroquias, y estas le den la formación y el abrazo cristiano que les falta.

Porque quien niega esto, este papel comunicador del mensaje de Cristo de la Cofradías entre aquellos que andan “apartados”, niegan una realidad constatada. No hay duda de que la Semana Santa, en aquellos lugares donde no existen cofradías o Hermandades, está más secularizada, más vacía de contenido cristiano, que aquellas que llenan sus calles con la imagen de la Pasión de Cristo.

Pero para que esto sea cierto, no cabe duda de que es necesario que cada Cofradía, cada Parroquia y la Iglesia en general, luche para que se le den a los actos de culto público, un carácter eminentemente religioso, frente al cultural o turístico que se nos pretende imponer desde diversos ámbitos.

Otra labor fundamental de las cofradías en la Nueva Evangelización, es la formación interior de sus miembros.

El movimiento cofrade es una de las asociación religiosa que más miembros tiene. Por eso es fundamental que la renovación cristiana se de muy especialmente dentro de cada cofradía.

Las Juntas de Gobierno, la Federación de Cofradías y la Iglesia en general, tienen una responsabilidad moral, humana y cristiana muy importante con los jóvenes que están en cada hermandad. Un toque de corneta, un costal, una mecía del paso de palio, hacer penitencia junto a la imagen de Cristo, la magia de un nazareno recorriendo las estrechas callejuelas, la tradición familiar.....son tantas las motivaciones que llevan a un joven a querer vivir su vocación cristiana en el seno de una Hermandad.

Por eso es obligación nuestra, a veces más que la de ellos, y seremos responsables ante Dios si no lo hacemos, la de acercarnos a ese joven y ofrecerle una formación seria y adecuada. La de promover su fe y la de evangelizarle y alentarle a vivir con coherencia su compromiso.

Y lo mismo con las familias. Este año, ante el Encuentro Mundial de las Familias de Milán (EMF) el mensaje de Benedicto XVI, reafirma la importancia del trabajo con las familias. Las Cofradías tienen un campo magnífico para evangelizar desde la familia, para ayudar a llevar la fe a las familias, para unir en la oración a numerosas familias cofrades que acuden a su cofradía. Este papel es fundamental. Hay que darle una importancia primordial a las familias que están integradas en una Hermandad.

Como vemos son muchos y muy importantes los caminos que mueven a las Hermandades en el seno de la Nueva Evangelización que promovío en su momento S.S. el beato Juan Pablo II al comienzo de este nuevo milenio y que actualmente Benedicto XVI, también ha hecho suya.

Por eso las Hermandades deben proponerse como objetivo prioritario la formación cristiana, de niños, de jóvenes y de adultos y la profundización y profundidad de sus cultos.

Porque sabemos que el futuro de nuestra sociedad, de nuestra Iglesia y muy especialmente de nuestra Semana Santa, es la formación y vida cristiana de nuestros jóvenes y familias.

Una Semana Santa llena de Cofrades sin profundidad, sin amor a Dios es una Semana Santa sin presente y sin futuro.

Que el Nuestro Señor Jesucristo nos ayude a ser fieles en nuestro compromiso humano y cristiano. Y que este año seamos bendecidos en nuestra labor bajo el manto de María Santísima.

sábado, 24 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD

"y acontece, que en una época en que todos los hombres quieren ser dioses, viene DIOS y se hace hombre"

TE DESEO,
A TÍ Y A LOS TUYOS,
UNA MUY FELIZ NAVIDAD.
QUE EL NIÑO DIOS QUE NOS NACE HOY EN EL CORAZÓN DE CADA UNO,
TE COLME DE SU PAZ Y DE SU AUTÉNTICA
FELICIDAD, Y OS COLME DE TODA
CLASE DE BENDICIONES.
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!



lunes, 19 de diciembre de 2011

EL ORIGEN CRISTIANO DEL ARBOL DE NAVIDAD

A continuación os pongo este interesante artículo que me ha recomendado un compañero del colegio, sobre el origen del arbol de Navidad:

"EL ORIGEN CRISTIANO DEL ARBOL DE NAVIDAD.

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.

Una interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-, popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII.

San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.

Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731).

A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.

Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.

El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.

El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo).

Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.

ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL

Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético.

La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.

En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.

Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.

SENTIDO CRISTIANO

El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.

En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

• El azul, para las oraciones de reconciliación.

• El plateado, para las de agradecimiento.
• El dorado, para las de alabanza.
• El rojo, para las de petición.
• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.

El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes…

Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños:

“Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

LOS ADORNOS NAVIDEÑOS

Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:

Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

Como nos dice Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005)"

“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).

FUENTE: PRIMEROSCRISTIANOS.COM

domingo, 24 de abril de 2011

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

LA LUCERNA ENCENDIDA OS DESEA A TODOS
UNA MUY FELIZ

PASCUA DE RESURRECCIÓN

"El misterio pascual, como toda la vida y la obra de Cristo, tiene una profunda unidad interna en su función redentora y en su eficacia, pero ello no impide que puedan distinguirse sus distintos aspectos con relación a los efectos que derivan de él en el hombre. De ahí la atribución a la resurrección del efecto específico de la 'vida nueva', como afirma San Pablo.

(...) Ante todo, podemos decir ciertamente que Cristo resucitado es principio y fuente de una vida nueva para todos los hombres. Y esto aparece también en la maravillosa plegaria de Jesús, la víspera de su pasión, que Juan nos refiere con estas palabra: 'Padre... glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado' (Jn 17, 1-2). En su plegaria Jesús mira y abraza sobre todo a sus discípulos a quienes advirtió de la próxima y dolorosa separación que sé verificaría mediante su pasión y muerte, pero a los cuales prometió asimismo: 'Yo vivo y también vosotros viviréis (Jn 14, 19). Es decir: tendréis parte en mi vida, la cual se revelará después de la resurrección. Pero la mirada de Jesús se extiende a un radio de amplitud universal. Les dice: 'No ruego por éstos (mis discípulos), sino también por aquellos, que por medio de su palabra, creerán en mí... (Jn 17, 20): todos deben formar una sola cosa al participar en la gloria de Dios en Cristo.

La nueva vida que se concede a los creyentes en virtud de la resurrección de Cristo, consiste en la victoria sobre la muerte del pecado y en la nueva participación en la gracia. Lo afirma San Pablo de forma lapidaria: 'Dios, rico en misericordia..., estando muertos a causa de nuestros delitos nos vivificó juntamente con Cristo' (Ef 2, 4-5). Y de forma análoga San Pedro: 'El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo..., por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos nos ha reengendrado para una esperanza viva' (1 Pe 1, 3)."

Catequesis de Juan Pablo II sobre la Resurrección de Cristo


miércoles, 20 de abril de 2011

LITURGIA DE LA SEMANA SANTA

Para que conozcamos un poco mejor toda la liturgia y celebraciones que se desarrollan en Semana Santa, os propongo este texto:

"El Domingo de Ramos, al final de la Cuaresma, inaugura la Semana Santa: es como el pórtico que nos introduce en esos días decisivos para la historia de la salvación.

El Jueves Santo, por la
mañana, el Obispo concelebra la Santa Misa rodeado de sus sacerdotes y con la asistencia de una buena porción del Pueblo de Dios. En el curso de esa Misa, se bendicen los Santos Óleos que servirán para consagrar altares, para ungir a los catecúmenos —que, al recibir el Bautismo, serán como altares dedicados al servicio de Dios— y para administrar el sacramento de la Unción de los enfermos. También se consagra el crisma, materia del sacramento de la Confirmación, que otorga la mayoría de edad en Cristo a los bautizados.
En el curso de esa ceremonia, los presbíteros renuevan las promesas sacerdotales que pronunciaron el día de su ordenación. Todos los miembros del Pueblo sacerdotal, ministros y fieles laicos, se dan cita ideal en esa celebración litúrgica. ¡Qué buen momento, para intensificar nuestra plegaria a Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, para que haya muchos sacerdotes santos y para que también los cristianos seglares —hombres y mujeres— aspiren seriamente a la santidad, cada uno en el propio estado! Por la tarde, durante la Misa in Cena Domini, conmemoraremos especialmente la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial. El hoy de la renovación sacramental del Misterio pascual, el hoy de la Cruz —que el Señor anticipó en la Última Cena—, se hace presente en cada celebración eucarística y, con un relieve particular, el Jueves Santo.
Asombrémonos ante la actualidad perenne del Sacrificio del Calvario, de modo especial en la Misa
in Cena Domini. Este día, antes de realizar la Consagración, el Canon Romano pone en boca del sacerdote unas palabras propias de esta solemnidad: el cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres, tomó el pan en sus santas y venerables manos... Roguemos a la Trinidad Santísima que no nos pase nunca inadvertido este exceso de amor por parte de Jesucristo.
No sólo ha entregado una vez su vida en la Cruz, sino que ha querido instituir la Sagrada Eucaristía y el sacerdocio para que, siempre y en todo lugar, hasta el momento de su venida glorio
sa al fin de los tiempos, podamos entrar en contacto vivo y verdadero con su Sacrificio redentor.
Pongámonos «en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente —escribía en su última encíclica Juan Pablo II—, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega "hasta el extremo" (
Jn 13, 1), un amor que no conoce medida».

La Misa vespertina del Jueves Santo nos introduce en la memoria de la pasión y muerte de Nuestro Señor, al día siguiente. «Existe una conexión inseparable entre la Última Cena y la muerte de Jesús. En la primera, Jesús entrega su Cuerpo y su Sangre, o sea, su existencia terrena, se entrega a sí mismo, anticipando su muerte y transformándola en acto de amor».
Al adorar ese día la Santa Cruz, digamos a nuestro Redentor un
¡gracias! sincero, que, acompañado del deseo de serle muy fieles, nos impulse a seguir caminando con perseverancia y alegría por la senda de la santidad.

Llegamos así a la víspera de la Resurrecció
n. En espera del triunfo definitivo del Señor, el Sábado Santo se presenta como una jornada de silencio y recogimiento. Los altares están desnudos, no hay ninguna ceremonia litúrgica; notamos incluso la ausencia del Santísimo Sacramento, que se reserva en un lugar apartado por si fuera necesario administrar la Comunión a modo de viático.

Por fin, en la Vigilia Pascual, «al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos "del agua y del Espíritu Santo", y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la gracia para ser sus discípulos».

Mons. Javier Echeverría, Abril 2011.

martes, 29 de marzo de 2011

PEREGRINOS CON PASIÓN (I)

Al comenzar la Cuaresma, comienza un tiempo de conversión, de reflexión, de análisis y de examen personal. Por eso son muchas las preguntas que nos hacemos y nos proponemos. Pero las principales deben ser las de ¿Soy mejor que el año pasado en estas fechas? ¿He evolucionado? ¿He cumplido con los objetivos que me propuse el pasado año al iniciarse la Cuaresma? ¿Soy mejor cofrade, cristiano y hermano?

Quizás para hacer un buen examen de conciencia lo mejor sería el preguntarme qué significa la salida procesional en la vida de un cofrade. O qué debe significar la Estación de Penitencia en aquel que ha optado en su vida por vivir una vocación cofrade.

El cofrade que vive con total intensidad la Estación de Penitencia, está viviendo con total intensidad la esencia de la Cuaresma. Y vivir con total intensidad la Cuaresma, es ser fiel a la condición propia del cofrade.

¿Cómo vivir esto? ¿Cómo ser concientes de todo lo que implica en nosotros la Estación de Penitencia? Estas líneas pretenden intentar desgranar todas aquellas características que debemos vivir con total ímpetu en Cuaresma, y muy especialmente el día de nuestra Estación de Penitencia. Todos esos aspectos que conforman un modo especial de actuar y que reafirman nuestra pertenencia a Cristo.

La Salida Procesional es en primer lugar un gran acto de penitencia cuaresmal. Hoy día puede parecer desfasado, parece ser de épocas anteriores, el hacer penitencia, el sufrir mortificación. Pero todos los cristianos sabemos que el camino de la cruz conduce a la Resurrección.

Los cofrades aceptamos voluntariamente la mortificación, y tenemos que ser conscientes de que lo hacemos por amor. Amor a Dios y amor a los hermanos. El dolor no ofrecido es un dolor vano, carente de todo sentido. La mortificación que no surge de un acto de amor por los demás es una mortificación vacía. La penitencia sólo purifica cuando tenemos la vista puesta en el amor a Cristo. De nada vale el cansancio del largo trayecto, el dolor de hombros y cerviz por el peso del Paso, el frío y el calor sufridos, el sentir las manos entumecidas, el peso de la responsabilidad, los pies "destrozados"….si no es por amor.

La mortificación debemos ofrecérsela a Cristo. Debemos ponerla en el ara de nuestros sacrificios. Debemos acordarnos del que más sufre. De tantas familias necesitadas. De tantos niños que no tienen todo aquello que tienen los nuestros. De todos aquellos ancianos faltos de cariño. De tantos lugares donde la violencia y la falta de caridad reinan. De aquellas familias destrozadas por la pobreza, la enfermedad o el odio. De los que viven en soledad…. Por todo aquel que sufre debemos ofrecer nuestro pequeño sacrificio.

Para participar en aquellos dolores nos mortificamos, y esperamos con fe que nuestra Penitencia les ayude. Y entonces es cuando descubrimos que sólo el dolor tiene sentido cuando es un acto reflejo de amor cristiano. Así actuaremos humildemente como Cristo nos enseñó en estos días: entregándose por amor. A muchos esto les resultará de locos y no lo entenderán. Pero nosotros que sabemos que la Redención nos ha llegado a través de la cruz, y sabemos que el sufrimiento sólo es un paso hacia la Resurrección y la Alegría. Así, como dice S.S. Benedicto XVI en su encíclica “SPE SALVI” (La esperanza salva): “Sufrir con el otro, por los otros; sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad.”

Por eso vivimos nuestra penitencia con alegría, con pasión, con exultación. Por eso la Estación de Penitencia se nos hace liviana, y el sacrificio llevadero y emocionante. Es la sensación del que sufre por amor. Es la sonrisa del costalero cuando sale debajo del paso cansado pero satisfecho, la de los hermanos que se abrazan al final de la Estación de Penitencia, la mirada agradecida al Sagrario de la Catedral de la hermana Camarera, el llanto de los niños que “han aguantado como hombres” al final del recorrido…..Porque todo lo que se ha hecho ha sido por amor. A Cristo, a María, al Evangelio y a los hermanos. Y a mayor amor, menor sufrimiento.

“Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.” Mt 11,25-30

Y la penitencia ese día no es solo el dolor físico que padecemos. No; existen muchas clases de penitencia que podemos ofrecer. Penitencia es también saber guardar silencio todo el trayecto, penitencia es enajenarnos del exterior y concentrarnos en todo lo que estoy viviendo y en la oración personal, penitencia es saber guardar obediencia en la fila, penitencia es dejar de hacer todas las cosas normales ese día para ofrecérselo al Señor, penitencia es hacer de nuestros actos ese día toda una liturgia para que las imágenes de nuestros Titulares salgan con el mayor decoro y dignidad a la calle. Penitencia es llegar y volver adecuadamente a nuestro Templo, antes, durante y después de la Estación de Penitencia. Penitencia es saber aceptar con fe el no haber podido salir este año por la enfermedad, el trabajo, la lluvia o tantas otras cosas, y tener que ver con todo el dolor del mundo a nuestra Cofradía desde fuera. En definitiva, todo aquello que nos cuesta algo de sacrificio es pues penitencia.

viernes, 11 de marzo de 2011

Menú de Cuaresma

He encontrado este menú de Cuaresma.
Lo pongo en "La Lucerna encendida" coincidiendo con el primer viernes de Cuaresma. ¡¡¡Que aproveche!!:

¡¡¡MENÚS PARA LA CUARESMA 2011!!!

• Ofrecemos una dieta variada, sabrosa y equilibrada para cada día.
• Elija entre nuestros suculentos platos lo que más le convenga.

Primer Plato: “ ABSTINENCIA”

0. Como primer plato recomendamos la ABSTINENCIA en sus diversas modalidades y presentaciones.
1. ABSTINENCIA de comer carne los viernes de Cuaresma. Aunque sólo afecta a los mayores de 14 años.
2. ABSTINENCIA de ver algunos programas de Televisión con alto contenido cárnico, de insultos y de faltas a la inteligencia (Plato recomendado por la casa).
3. ABSTINENCIA de comer mucho de lo que más me gusta, poco de lo que me gusta menos, y otros caprichos.
4. ABSTINENCIA de tratar mal al prójimo, de actuar con poco cariño con los que me rodean y de faltar a la caridad.
5. ABSTINENCIA de navegar por “internet” sin rumbo fijo, chatear imprudentemente, perder el tiempo cuando puedo hacer cosas provechosas (leer, estudiar, mejorar mi trabajo, estar con mi familia, jugar con mis hijos....)(picar entre horas, engorda muchísimo).
6. ABSTINENCIA de (pon eso que crees que te sobra esta Cuaresma)............………………………….

Segundo Plato “AYUNO”

0. El AYUNO no puede faltar en sus menús de Cuaresma. Se puede elegir en sus dos versiones: “Mayores de 18 años” y “Menores de 18 años”
1. Para los mayores de 18 años, guardar AYUNO el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Se trata de hacer una sola comida al día acompañada de un ligero desayuno y una cena frugal.
Además ayuna de ser tu el centro del mundo y busca a Dios en tí y en los demás.
Ayuna de todos los vicios y "hartate" de virtudes.
2. Los siguientes AYUNOS son válidos, también, para los menores de 18 años.
3. AYUNO de robar, de curiosear,de mentir, de engañar, ....
4. AYUNO de criticar, protestar, quejarse, perder el tiempo.
5. AYUNO de ser protagonista, de "pasar de los demás".
6. AYUNO de……………………………………………………………………..

Guarniciones y Ensaladas: “ORACIONES”

0. Pueden acompañar cualquiera de los platos anteriores. Se pueden servir tanto en frío como en caliente. Recomendamos según las horas:

1. Ofrecimiento de obras: “Te ofrezco, Padre, todo el día, mis oraciones, pensamientos, afectos deseos, alegrías y sufrimientos, en unión de Jesucristo por la salvación el mundo…”; “Oh Señora mía, Oh Madre mía, yo me ofrezco de todo a ti…”. (Desayuno. Se sirve fuera de la cama).
2. “Angelus”: El Ángel del Señor anunció a María… (hacia las 12 de la mañana).
3. “Bendición de la mesa” (Excelente aperitivo para abrir el apetito).
4. “Visita al Santísimo” (Licor de la casa).
5. “Santo Rosario” acompañado de Ensalada de Piropos a la Madre en su presentación de Letanías” (En cualquier momento).
6. Tiempo de “Oración Mental” (p. ej.: lectura del Evangelio del día meditado).
7. Ensalada Mixta de Jaculatorias: “Señor, tú eres mi refugio”; “Dios mío y Señor mío”; “Todo por ti, Señor”; “Confío en ti, porque Tú eres mi Padre”; “Madre, ayúdame”; “Virgen Madre, quien me mire te vea”... (En cualquier momento).
8. “Tres Avemarías y Examen de Conciencia” antes de dormir (estupendo para tener dulces sueños).
9. Rezo del Santo Via-Crucis (pero de verdad, meditando bien las estaciones y viviendolo como si estuvieramos al lado de Cristo)

Postres: “ REPOSTERÍA DE CALIDAD”

0. Nuestros refinados reposteros recomiendan para esta Cuaresma:
1. Endulza tu Cuaresma con la Comunión frecuente: miel en los labios y alegría en el corazón.
2. Aconsejamos también que prueben un encuentro frecuente con Cristo en la Confesión Sacramental. ¡¡¡Imprescindible antes de comenzar esta dieta!!!
3. No se olviden de la Caridad y de ofrecer la penitencia (especialmente recomendado para los cofrades) por alguién o algún proyecto de vida o cristiano (mi familia, mis amigos, mi parroquia, la hermandad en la Hermandad....)
4. Mucha fe y confianza en Cristo

¡¡¡QUE APROVECHE!!

¡¡¡Pruébalo y notarás la mejoría en
tu Caminar hacia la PASCUA DEL SEÑOR 2011!!!

(Este menú es anónimo, o al menos yo no he encontrado su autor, y me he permitido la licencia de añadir algunas cosas)



BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II
1 de Mayo de 2011

Año de la Fe 2012-2013