domingo, 17 de marzo de 2013

LA ORACIÓN DE LOS CINCO DEDOS

Me llega esta oración que unos atribuyen a nuestro Papa Francisco y otros dicen que si bien él la ha recomendado no es de autoría. Lo que menos importa de esto es el autor, sino su utilidad.
Se trata de la oración de los cinco dedos (o "una oración en cada dedo"), una forma sencilla y práctica de pedir a Dios por todo el mundo. Creo que es muy práctica para enseñar a orar a nuestros niños, a los jóvenes y a todo aquel que no tenga mucha práctica de oración diaria. Así cada dedo de nuestra mano nos recuerda a alguien por quien pedir.
El único "pero" que le pondría, si se le puede poner alguno (pero para eso soy granaíno), es que es sólo una oración de petición, y también tenemos que aprovechar para dar gracias. Así que al final de cada petición yo he añadido una pequeña acción de gracias, por esos mismos que hemos pedido.
Espero nos sea de utilidad.

UNA ORACIÓN EN CADA DEDO

1. El pulgar es el más cercano a ti. Asi que empieza orando por quienes estan más cerca de ti. Son las personas más fáciles de recordar. Nuestra familia, nuestros amigos, con quienes trabajo o estudio.......... Orar por nuestros seres queridos es "una dulce obligación". También damos gracias a Dios por ponerlos a nuestro lado.

2. El siguiente dedo es el índice. Ora por quienes enseñan, instruyen y sanan. Esto incluye a los maestros, profesores, médicos y sacerdotes. Ellos necesitan apoyo y sabiduría para indicar la dirección correcta a los demás. Tenlos siempre presentes en tus oraciones. También damos gracias a Dios por su esfuerzo y su trabajo.

3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes. Ora por el presidente, los congresistas, los empresarios y los gerentes. Estas personas dirigen los destinos de nuestra patria y guian a la opinión pública. Necesitan la guia de Dios. También damos gracias a Dios por su dedicación y su trabajo.

4. El cuarto dedo es nuestro dedo anular. Aunque a muchos les sorprenda, es nuestro dedo más debil, como te lo puede decir cualquier profesor de piano. Debe recordarnos orar por los más debiles, con muchos problemas o postrados por las enfermedades. Necesitan tus oraciones de día y de noche. Nunca será demasiado lo que ores por ellos. También debe invitarnos a orar por los matrimonios y las familias. Damos gracias Dios por su ejemplo, su lucha constante y su valentía.

5. Y por último está nuestro dedo meñique, el más pequeño de todos los dedos, que es como debemos vernos ante Dios y los demás. Como dice la Biblia "los últimos serán los primeros". Tu meñique debe recordarte orar por ti. Cuando ya hayas orado por los otros cuatro grupos verás tus propias necesidades en la perspectiva correcta, y podrás orar mejor por las tuyas.Doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado, empezando por el don de la vida y de la fe.

jueves, 14 de marzo de 2013

"Caminar, edificar, confesar", primera homilía de S.S. el Papa Francisco


 La primera homilía de S.S. el Papa Francisco, ha sido una declaración de intenciones, y a la vez un adelanto de lo que será la Santa Misa de entronización del próximo 19 de Marzo. 
"Caminar, edifica y confesar a Cristo", es el camino que nuestro Santo Padre marca frente al inmovilismo, el relativismo y el pensar que todo está hecho. Una llamada a la Nueva Evangelización, a llevar la palabra de Cristo a todo el mundo, a vivir y aesforzarnos en nuestro día a día a llevar una "vida irreprochable", y a seguir construyendo sobre piedra, sin detenernos y confesando a Cristo en todo momento. "Si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Nos convertiríamos en una ONG piadosa, pero no en la Iglesia, esposa del Señor. Cuando no se camina, nos detenemos”. 
Sus primeros gestos y sus palabras están moviendo y removiendo a todo el mundo, no sólo a la cristiandad. 

Desde la Lucerna no queda más que decirle: BIENVENIDO FRANCISCO. Dios le bendiga y le ayude en todo momento, con la luz del Espíritu Santo, en su santa tarea como Vicario de Cristo y pastor de toda la cristiandad.
 
Texto completo de la homilía del Papa Francisco en la celebración de la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en la Capilla Sixtina.
En estas tres Lecturas veo algo en común: el movimiento. En la Primera Lectura el movimiento es el camino; en la segunda Lectura, el movimiento está en la edificación de la Iglesia; en la tercera, en el Evangelio, el movimiento está en la confesión. Caminar, edificar, confesar.
Caminar. Casa de Jacob: “Vengan, caminemos en la luz del Señor”. Esta es la primera cosa que Dios dijo a Abraham : “Camina en mi presencia y sé irreprensible”. Caminar: nuestra vida es un camino. Cuando nos detenemos, la cosa no funciona. Caminar siempre, en presencia al Señor, a la luz del Señor, tratando de vivir con aquel carácter irreprensible que Dios pide a Abraham, en su promesa.
Edificar. Edificar la Iglesia, se habla de piedras: las piedras tienen consistencia; las piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la esposa de Cristo, sobre aquella piedra angular que el mismo Señor, y con otro movimiento de nuestra vida, edificar.
Tercero, confesar. Podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar tantas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Nos convertiríamos en una ONG (Organización No Gubernamental) de piedad, pero no en la Iglesia, esposa del Señor. Cuando no caminamos, nos detenemos. Cuando no se construye sobre la piedra ¿qué cosa sucede? Pasa aquello que sucede a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena, todo se desmorona, no tiene consistencia. Cuando no se confesa a Jesucristo, me viene la frase de León Bloy “Quien no reza al Señor, reza al diablo”. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.
Caminar, edificar-construir, confesar. Pero la cosa no es así de fácil, porque en el caminar, en el construir, en el confesar a veces hay sacudidas, hay movimiento que no es justamente del camino: es movimiento que nos echa para atrás.
Este Evangelio continua con una situación especial. El mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: “Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Esto no cuenta”. “Te sigo con otras posibilidades, sin la Cruz”. Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos un Cristo sin Cruz, no somos Discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor.
Quisiera que todos, luego de estos días de gracia, tengamos el coraje - precisamente el coraje - de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramada sobre la Cruz; y de confesar la única gloria, Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante.
Deseo que el Espíritu Santo, la oración de la Virgen, nuestra Madre, conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar Jesucristo. Así sea. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Siempre en nuestro corazón, Benedicto


Tras la renuncia del ya Papa Emerito Benedicto XVI, que se hizo efectiva el pasado día 28 de Febrero, y ahora que en apenas dos días comenzará el cónclave que elegirá al nuevo Sumo Pontífice que regirá nuestra Iglesia, quiero traer a esta entrada parte del texto que publiqué en la Cuaresma de 2007 en la revista Gólgota y que hacía referencia a la elección de Joseph Ratzinger como Papa y a su primera encíclica acontecida apenas 24 meses después. Sirva como homenaje a nuestro querido Papa Benedicto XVI y meditación para la nueva elección que está por llegar:



Del artículo de Gólgota: DIOS ES AMOR
 Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam:
Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum,Dominum Josephum....” 

El día 19 de Abril de 2005 el cardenal protodiácono, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, comenzaba con estas palabras a revelar al mundo quien era el nuevo Papa, quien era aquel que iba a relevar al que ya muchos llamaban como Juan Pablo II el Grande.
Se había asomado, precedido de la cruz al Balcón de la Bendiciones que preside la Plaza de San Pedro del Vaticano, y al proclamar el nombre de José (“Josephum”), todos ya sabíamos que el nuevo Papa era el cardenal Ratzinger. Y así prosiguió el protodiácono, declamando la identidad completa de aquel que había dejado de ser “Eminencia” para ser “Su Santidad”: 
Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI

La mayoría de los medios de comunicación, parte del mundo y hasta determinados sectores de la Iglesia recibieron la noticia con cierta frialdad y cautela. Ciertos profesionales de la Información nos habían estado vendiendo la imagen de un Cardenal Ratzinger que venía a ser el nuevo Gran Inquisidor. Teníamos hasta este momento la imagen de un Cardenal duro, frío, intransigente. O al menos eso era lo que nos habían hecho creer. Era lo que creíamos más por lo que nos habían dicho, que por lo que sabíamos por nosotros mismos.
Hablé poco después con el sacerdote que me casó, con mi amigo Juan Carlos Navarro y me dijo que él creía que sería un buen Papa y que además sería un Papa que aguardaba grandes y gratificantes sorpresas para la cristiandad.
Y tengo que reconocer que a partir de esa conversión de José Ratzinger en Benedicto XVI todo fueron sorpresas….. y buenas.
El lobo que nos habían vendido, se había convertido en el pastor de los cristianos. Los titulares de la prensa, al ver sus primeras apariciones, y sus primeras declaraciones ahora decían “El que llamaban rottweiler ha resultado ser un buen Pastor Alemán”.   
Salvo determinados sectores poco favorables con la Iglesia, todos empezaron a ver en ese rostro tímido que se asomó sobre el todavía tapiz pontifical de Juan Pablo II el 19 de Abril, un papa bueno, lleno de bondades y con ilusión por hacer la Voluntad de Dios.
Los ojos cansados, pero ilusionados, tímidos, pero llenos de fuerza del Espíritu que nos miraban con agradecimiento, humildad y sencillez desde la loggia del Vaticano aquella tarde, nada tenían que ver con los ojos que nos habían vendido.
Muchos amigos de diversas cofradías me llamaron esa tarde para intercambiar opiniones, y con todos hablamos de “esperar”, de dejar que siguiera soplando el Espíritu Santo, como acabada de hacerlo en la elección de un Papa que nos daba una primera sorpresa al elegir un nombre asociado, como era el caso de su antecesor Benedicto XV, a la lucha por la paz y la conciliación de los pueblos.  
Su anterior cargo al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, había dado una imagen del ahora Papa Benedicto XVI de hombre severo, atento a cuestiones meramente doctrinales, y encargado de la ortodoxia de la fe y de la teología, pero que en cuanto hablábamos con personas de Iglesia que habían leído sus escritos y libros y habían seguido su trayectoria personal y pastoral nos hablaban de una de la mentes intelectuales más prodigiosas de nuestro tiempo, uno de los grandes pensadores de la actualidad. Y al verlo salir a ese balcón, con un rostro que reflejaba ese deseo de dar lo mejor de sí mismo para llevar la Voluntad de Dios en medio de la Iglesia. Al ver esas manos, faltas de experiencia en el saludo, que se alzaban llenas de ilusión dando gracias y bendiciendo, al ver esos ojos llenos de sencillez y al escuchar sus primeras palabras llenas de humildad y de amor de Dios, vimos como se nos caían muchos prejuicios y además de un gran intelectual encontrábamos un hombre con un buen corazón y lleno de Cristo.


El gran regalo que nos ha dado Benedicto XVI en estos apenas 24 meses de Pontificado, ha sido la encíclica “Dios es Amor

jueves, 17 de enero de 2013

EL VALOR

He leído este relato en "Educar con Sentido" y me ha encantado. Por eso quiero compartirlo en este blog. Espero os guste, os ayude (como a mí) y os sirva de reflexión.



Un orador inició su seminario de economía
mostrando un billete de $ 100 dólares,
y dirigiéndose a los espectadores preguntó:
-"¿Quién quiere este billete?
Todas las manos se levantaron..

Y dijo :-"Se lo voy a dar a uno de ustedes,
pero primero dejenme hacerle esto...",
y lo hizo una bolita dejándolo todo arrugado..
El orador insistió: -"¿Quién todavía lo quiere?"..
Las manos volvieron a subir.
-"Bien", dijo. -"¿Y si le hago esto...?",
y lo dejó caer al suelo y lo empezó a hollar
contra la tierra con su zapato.
Al recogerlo lo mostró al auditorio..
Así, todo arrugado y sucio, preguntó:
-"Y así, ¿todavía lo quieren?".
Las manos se mantuvieron arriba..

Y al final nuestro orador dijo :
Amigos, hoy han aprendido una lección muy valiosa:
No importa todo lo que le haya hecho al billete,
ustedes de cualquier manera lo quieren
porque su valor no ha disminuido.
Sigue valiendo los mismos 100 dólares”..

Muchas veces en la vida caemos,
nos arrugamos, o nos revolcamos en la tierra
por decisiones equivocadas o apuradas
o por las circunstancias que nos rodean..
Llegamos a sentir que no valemos nada..
Pero no importa lo que hayamos pasado
o lo mucho que hayamos perdido,
nunca perdemos el valor que tenemos ante DIOS


Ojalá nosotros también nos esforcemos día atras día, por mirar a los demás como nos mira Dios. El mundo sería diferente si pusieramos en nuestros ojos "LA MIRADA DE DIOS".

viernes, 11 de enero de 2013

MIS PADRES DECIDEN



Os animo a que visiteis esta web (http://www.mispadresdeciden.es/) y firmeis (si lo veis conveniente, por supuesto) en apoyo a una serie de escuelas sociales y agrarias a las que la Junta de Andalucía quiere retirar los conciertos educativos a pesar de la gran labor social y de promoción del mundo rural o de las zonas marginales en las que están que realizan.
Se trata de una web creada por padres de alumnos de estos centros (Albaydar, Altair , Ángela Guerrero, Campomar, El Cható, El Soto, Molino Azul, Nuestra Señora de Lourdes, Ribamar,  Torrealba, Yucatal y  Zalima) de toda Andalucía.

En esta web los padres de alumnos consideran (según sus propias palabras):
a) Que la libertad de elección es un derecho fundamental recogido en la constitución.
b) Defiendemos el ahorro para la administración pública. En estos tiempos de crisis no entendemos que se priorice eliminar un concierto que ahorra dinero a la administración pública, cada alumno costaría en un colegio público en torno a 3.000 euros más.
c) 5.000 Niños quedarán sin colegios, y 12 colegios sin concierto. La situación es especialmente grave dado que 5.000 niños y niñas podrán quedarse sin colegio en el próximo curso académico si no se renueva el concierto. A lo que se sumaría el dejar sin trabajo a 600 empleados entre docentes y personal de administración y servicios de los 12 centros.

A la inaudita negativa de la Consejería de Educación de Maria del Mar Moreno a renovarles el concierto a estos centros porque tienen el modelo pedagógico de educación diferenciada, hay que sumar el hecho que también se le quiere retirar la financiación a determinadas unidades (clases) de colegios de gran labor social y reconocida actuación aquí en Granada y otras provincias como son el Ave María Casa Madre del Albaicín, el Juan XXIII de Chana y Zaidín, el Amor de Dios de Almanjayar, San Isidoro o La Presentación de Baza, que pueden perder hasta trece unidades, en lo que parece ser se trata de una campaña contra los colegios concertados y que se está cebando muy especialmente en colegios de gran labor social, que actuan en zonas marginales, rurales o desprotegidas, con el consiguiente y grave perjuicio para estos alumnos y familias. (Ver noticia)

Hoy mismo veíamos tristemente publicadas en diversos diarios nacionales la negativa de la delegada de educación la Consejería de la Junta de Andalucía en Córdoba a renovar los conciertos de 2 escuelas agrarias dedicadas al desarrollo del mundo rural y la formación de jóvenes de sus resectivas comarcas y de un centro de la capital, por motivos puramente ideológicos. Una negativa que se produce incluso antes de que se soliciten los conciertos, anunciando un negativa antes de que se produzca la petición, la fundamentación y la solicitud, lo que a mi entender se trata de un acto totalmente en contra del principio de seguridad jurídica, de legalidad y de igualdad.(http://www.abc.es/cordoba/20130111/sevp-junta-dejara-concierto-tres-20130111.html)

No se trata de un acto político. Con la educación no se tiene que hacer política. No se va contra nadie. Ni contra la Junta de Andalucía, ni contra el gobierno socialista, ni contra uno u otro partido. Se trata de ir a favor de los padres y del derecho a la libre elección de centro. No contra nada ni nadie.
A través de esta web podeis firmar en apoyo de que el derecho de elección de centro reside en los padres y que los padres deciden sobre la educación de sus hijos, no los gobiernos ni los gobernantes. 
http://www.mispadresdeciden.es/#!projects/c21kz

También está esta plataforma en Twitter @padresdeciden (https://jp.twitter.com/padresdeciden) o en Facebook (https://www.facebook.com/mispadresdeciden)

viernes, 14 de diciembre de 2012

Gaudete: La alegría (y III)

Quiero aprovechar este tercer domingo de Adviento para concluir la trilogía de entradas sobre "la alegría" que comencé este verano. ¿Y por qué este domingo precisamente? Pues precisamente porque este domingo tiene un nombre especial y específico: Domingo de Gaudete
Recibe ese nombre por la primera palabra en latín de la antífona de entrada de la misa de este tercer domingo de Adviento, que dice: Gaudéte in Domino semper: íterum dico, gaudéte. (Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres). La antífona está tomada de la carta paulina a los filipenses ( Flp. 4, 4-5), que sigue diciendo Dominus prope este (el Señor está cerca) 
Este Domingo de Gaudete, como el Domingo de Laetare en la Cuaresma, hace un alto en el caracter penitencial del Adviento por la proximidad de la cercanía del Salvador. Así se suaviza la norma de la ornamentación del templo y el celebrante puede usar la vestimenta rosada, como en el cuarto domingo de cuaresma, y que representa la encarnación del Hijo de Dios. Por este motivo también la tercera vela de la corona de adviento es rosada.  

Una alegría para compartir.
Las primeras generaciones cristianas cuidaban mucho la alegría. Les parecía imposible vivir de otra manera. Las cartas de Pablo de Tarso que circulaban por las comunidades repetían una y otra vez la invitación a «estar alegres en el Señor». El evangelio de Juan pone en boca de Jesús estas palabras inolvidables: «Os he hablado... para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena».
 ¿Qué ha podido ocurrir para que la vida de los cristianos aparezca hoy ante muchos como algo triste, aburrido y penoso? ¿En qué hemos convertido la adhesión a Cristo resucitado? ¿Qué ha sido de esa alegría que Jesús contagiaba a sus seguidores? ¿Dónde está?
 La alegría no es algo secundario en la vida de un cristiano. Es un rasgo característico. Una manera de estar en la vida: la única manera de seguir y de vivir a Jesús. Aunque nos parezca «normal», es realmente extraño «practicar» la religión cristiana, sin  experimentar que Cristo es fuente de alegría vital. "Caras tristes...., modales bruscos....,facha ridícula..., aire antipático: ¿Así esperas animar a los demás a seguir a Cristo?" (Camino 661).

Esta alegría del creyente no es fruto de un temperamento optimista. No es el resultado de un bienestar tranquilo. No hay que confundirlo con una vida sin problemas o conflictos. Lo sabemos todos: un cristiano experimenta la dureza de la vida con la misma crudeza y la misma fragilidad que cualquier otro ser humano.
El secreto de esta alegría está en otra parte: más allá de esa alegría que uno experimenta cuando «las cosas le van bien». 
Pablo de Tarso (San Pablo) dice que es una «alegría en el Señor», que se vive estando enraizado en Jesús. Juan dice más: es la misma alegría de Jesús dentro de nosotros.

La alegría cristiana nace de la unión íntima con Jesucristo. Por eso no se manifiesta de ordinario en la euforia o el optimismo a todo trance, sino que se esconde humildemente en el fondo del alma creyente. Es una alegría que está en la raíz misma de nuestra vida, sostenida por la fe en Jesús.

Esta alegría no se vive de espaldas al sufrimiento que hay en el mundo, pues es la alegría del mismo Jesús dentro de nosotros. Al contrario, se convierte en principio de acción contra la tristeza. Pocas cosas haremos más grandes y evangélicas que aliviar el sufrimiento de las personas y contagiar alegría realista y esperanza. (Juan 15, 9 – 17). 
O como dice el Papa: "La alegría cristiana se sostiene en esta certeza: Dios está cerca, está conmigo, en la alegría y el dolor, en la salud y la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta alegría permanece en la prueba, en el mismo sufrimiento, y no se queda solp en la superficie, sino que está en el fondo de la persona que a Dios se confía y en Él confía". 

Ya comentaba en una entrada anterior que una sonrisa es un gran acto de caridad. Que la sonrisa evangeliza, y es la mejor carta de presentación de que estamos llenos de Dios. Como decía San Francisco de Sales "un santo triste es un triste santo".
Por eso el Angel saluda a María con ese hermoso "¡Alegrate María". Porque la alegría, el tesoro de lo que está por venir estará por encima de de toda la tribulación y todo el dolor que sobrevendrá el dar el "sí". A pesar de esa "espada" que atravesó su pecho, no hay nada más grande y que nos haga más feliz que llevar a Dios dentro. Y por supuesto no hay nada más grande que ser la Madre de Cristo, la Esposa del Espíritu Santo, el más hermoso Sagrario de la historia. 
"¡Alégrate!" Nos dice el Angel de Dios cada día a cada uno de nosotros. "¡Alégrate!.....Marisa, Javier, Jose, Alvaro, Belén, Mariam, Nuria, Juanma, Rosa, Carmen, Ana, Toñi, Francisco, Antonio, Angustias, Juan, Ángel.....¡Alegrate!....
¡¡¡Alegraos!!! Porque "con nosotros está el Señor omnipotente, el Dios de Jacob es nuestra fortaleza" (salmo 46).

Por eso, hemos de vivir la alegría verdadera, la que flota por encima del dolor. No nos quedemos en lo externo. No nos quedemos en lo superficial. Debemos llenar la vida del optimismo que nos da tener puesta nuestra esperanza en el Amor de Dios, y como decía San Josemaría Escrivá "ahogar el mal en abundancia de bien".
Tenemos que tenerlo claro y vivir esto en nuestro día a día y no quedarnos en la alegría "de las bellotas" (como veíamos en la "La Alegría (I)".  

"Ese desaliento, ¿por qué? ¿Por tus miserias? ¿Por tus derrotas, a veces continuas? ¿Por un bache grande, grande, que no esperabas?
Sé sencillo. Abre el corazón. Mira que todavía nada se ha perdido. Aún puedes seguir adelante, y con más amor, con más cariño, con más fortaleza.
Refúgiate en la filiación divina: Dios es tu Padre amantísimo. Esta es tu seguridad, el fondeadero donde echar el ancla, pase lo que pase en la superficie de este mar de la vida. Y encontrarás alegría, reciedumbre, optimismo, ¡Victoria!"
San Josemaría. Vía Crucis.


NOTA: (Muchas de estas ideas han surgido tras la lectura de "Dónde duerme la ilusión. La tibieza" de Francisco Fernández Carvajal.)

jueves, 11 de octubre de 2012

Apertura del Año Santo de la Fe


Hoy su Santidad el Papa benedicto XVI ha inaugurado, al cumplirse los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, el Año de la Fe. Un acontecimiento que ha definido como una "peregrinación en los desiertos del mundo llevando sólo lo esencial: el Evangelio y la fe de la Iglesia". 

Como sobran las palabra propias ante la claridad del mensaje del Santo Padre, reproduzco en esta entrada la homilia de la Santa Misa que ha servido para inaugurar el Año de la Fe.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Plaza de San Pedro
Jueves 11 de octubre de 2012

Venerables hermanos,
queridos hermanos y hermanas

Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe. Me complace saludar a todos, en particular a Su Santidad Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, y a Su Gracia Rowan Williams, Arzobispo de Canterbury. Un saludo especial a los Patriarcas y a los Arzobispos Mayores de las Iglesias Católicas Orientales, y a los Presidentes de las Conferencias Episcopales. Para rememorar el Concilio, en el que algunos de los aquí presentes – a los que saludo con particular afecto – hemos tenido la gracia de vivir en primera persona, esta celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia.
El Año de la fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y completa nuestra fe» (12,2).

El evangelio de hoy nos dice que Jesucristo, consagrado por el Padre en el Espíritu Santo, es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4,18). Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual. La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza. «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20,21). Así dice el Resucitado a los discípulos, y soplando sobre ellos, añade: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22). Dios por medio de Jesucristo es el principal artífice de la evangelización del mundo; pero Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos, aquel mismo Espíritu que se posó sobre él y permaneció en él durante toda su vida terrena, dándole la fuerza de «proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista»; de «poner en libertad a los oprimidos» y de «proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
El Concilio Vaticano II no ha querido incluir el tema de la fe en un documento específico. Y, sin embargo, estuvo completamente animado por la conciencia y el deseo, por así decir, de adentrase nuevamente en el misterio cristiano, para proponerlo de nuevo eficazmente al hombre contemporáneo. A este respecto se expresaba así, dos años después de la conclusión de la asamblea conciliar, el siervo de Dios Pablo VI: «Queremos hacer notar que, si el Concilio no habla expresamente de la fe, habla de ella en cada página, al reconocer su carácter vital y sobrenatural, la supone íntegra y con fuerza, y construye sobre ella sus enseñanzas. Bastaría recordar [algunas] afirmaciones conciliares… para darse cuenta de la importancia esencial que el Concilio, en sintonía con la tradición doctrinal de la Iglesia, atribuye a la fe, a la verdadera fe, a aquella que tiene como fuente a Cristo y por canal el magisterio de la Iglesia» (Audiencia general, 8 marzo 1967). Así decía Pablo VI, en 1967.
Pero debemos ahora remontarnos a aquel que convocó el Concilio Vaticano II y lo inauguró: el beato Juan XXIII. En el discurso de apertura, presentó el fin principal del Concilio en estos términos: «El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz… La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina… Para eso no era necesario un Concilio... Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo» (AAS 54 [1962], 790. 791-792). Así decía el Papa Juan en la inauguración del Concilio.
A la luz de estas palabras, se comprende lo que yo mismo tuve entonces ocasión de experimentar: durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante, especialmente en una efeméride tan significativa como la actual, es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo. Pero, con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión, es necesario que ella se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio Vaticano II, en los cuales ha encontrado su expresión. 

Por esto, he insistido repetidamente en la necesidad de regresar, por así decirlo, a la «letra» del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar también en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrónicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad. El Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Más bien, se ha preocupado para que dicha fe siga viviéndose hoy, para que continúe siendo una fe viva en un mundo en transformación.
Si sintonizamos con el planteamiento auténtico que el beato Juan XXIII quiso dar al Vaticano II, podremos actualizarlo durante este Año de la fe, dentro del único camino de la Iglesia que desea continuamente profundizar en el depósito de la fe que Cristo le ha confiado. Los Padres conciliares querían volver a presentar la fe de modo eficaz; y sí se abrieron con confianza al diálogo con el mundo moderno era porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban. En cambio, en los años sucesivos, muchos aceptaron sin discernimiento la mentalidad dominante, poniendo en discusión las bases mismas del depositum fidei, que desgraciadamente ya no sentían como propias en su verdad.

Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años. Y la respuesta que hay que dar a esta necesidad es la misma que quisieron dar los Papas y los Padres del Concilio, y que está contenida en sus documentos. También la iniciativa de crear un Consejo Pontificio destinado a la promoción de la nueva evangelización, al que agradezco su especial dedicación con vistas al Año de la fe, se inserta en esta perspectiva. En estos decenios ha aumentado la «desertificación» espiritual. Si ya en tiempos del Concilio se podía saber, por  algunas trágicas páginas de la historia, lo que podía significar una vida, un mundo sin Dios, ahora lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor. Se ha difundido el vacío. Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino. La primera lectura nos ha hablado de la sabiduría del viajero (cf. Sir 34,9-13): el viaje es metáfora de la vida, y el viajero sabio es aquel que ha aprendido el arte de vivir y lo comparte con los hermanos, como sucede con los peregrinos a lo largo del Camino de Santiago, o en otros caminos, que no por casualidad se han multiplicado en estos años. ¿Por qué tantas personas sienten hoy la necesidad de hacer estos caminos? ¿No es quizás porque en ellos encuentran, o al menos intuyen, el sentido de nuestro estar en el mundo? Así podemos representar este Año de la fe: como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión (cf. Lc 9,3), sino el evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años.
Venerados y queridos hermanos, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios. Le confiamos a ella el Año de la fe, como lo hice hace una semana, peregrinando a Loreto. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización. Que ella nos ayude a poner en práctica la exhortación del apóstol Pablo: «La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente… Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Col 3,16-17). Amén "






BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II
1 de Mayo de 2011

Año de la Fe 2012-2013